viernes, 31 de octubre de 2014

Jueves, 30 de octubre de 2014

Hoy hemos ido a pasar el día a la playa a Sainte Luce. Nos hemos hecho expertas estos días en hacer autostop, pero hoy Hayley no viene y no quiero hacerlo sola, así que me cojo un taxico para bajar hasta allí. Me toca el asiento al lado del conductor, es un señor mayor con sombrero vaquero muy simpático y enamorado de las rancheras.
En Sainte Luce nos paseamos por playas vírgenes preciosas, con más manzanilleros, pero esta vez sin lluvia. El mar está muy revuelto y hay olas, algo inusual en el mar Caribe. Estos días hemos visto cangrejos ermitaños bastante grandes, y yo me lo pasaba genial tocándoles las narices. Pues hoy Cris y Vicent se han encontrado uno pequeñísimo y me lo han traído para que lo viera. Con Sebastián (el cangrejo, por supuesto) me lo he pasado incluso mejor que con el grandullón de ayer. ¡Mirad qué diferencia!
Desgraciadamente nos tenemos que volver muy pronto porque corremos el riesgo de que dejen de pasar taxicos y quedarnos tirados. Unos van a Schoelcher, otros a Trois-Îlets y yo a Ducos. Nos cogemos los tres grupos un minibus, En un cruce se bajan los de Schoelcher a tirar de autostop para volver. Ellos lo tienen más difícil hoy. Yo sigo con Vicent y Cris, los de Trois-Îlets, hasta el pueblo que hay justo en el cruce de las carreteras entre Ducos y Trois-Îlets. Después de estar un rato haciendo autostop, nos paran dos hombres muy simpáticos. Iban al aeropuerto a recoger a la mujer de uno de ellos, así que me pueden dejar en mi casa de una tirada. A Vicent y a Cris los dejan en otro cruce para que hagan autostop. Me encanta conocer gente así.
Esta noche Hayley me ha hecho guacamole con chile habanero, que es el chile autóctono de las Antillas. Es un chile bastante fuerte; lo podéis ver clasificado nivel mayor a 300000 en la escala Scoville, que sirve para medir el ardor y picor de los chiles. Sí, todos habéis acertado, he ido de motivada de la vida, se me ha colado un trocito de chile mal picado en uno de los nachos y lo he pasado fatal. Es una sensación horrible. No se parece en nada a cuando te pasas de picante en una comida en España. En este caso sientes que te están atravesando la lengua, te lloran y escuecen los ojos y el ardor se va extendiendo hasta el esófago. Tarda unos veinte minutos en irse, veinte minutos que he pasado con la cabeza metida en el lavabo llenito hasta arriba de agua. Sin exagerar. Cuando sacaba la cabeza, el ardor volvía al instante, que lo intentaba combatir con mermelada, pero lo reduce durante poco tiempo. Tienes que esperar a que se pasen los efectos, y sólo es soportable con agua en la boca; y a mí me ardía la cabeza entera. ¡La pobre Hayley se sentía culpable al verme con cara de besugo!
Mañana es Halloween y nos espera un día divertido. ¡Muchos besos!

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