La fiesta es en Schoelcher, cerca de la capital. Un chico amigo de Aube y de Hayley nos llevará en coche. Se llama Laurent y va venir con su primo a comer a casa antes de ir a la fiesta. Pasamos el día aprendiendo criollo y peleándonos sobre nuestros gustos musicales mientras el payaso de Laurent dedica mucho tiempo y esfuerzo a emparejarme con su primo. Los martiniqueses van a por todas, no tiene nada que ver ni con los españoles ni con los italianos...
Finalmente llegamos a la fiesta con unas botellas de ron y cerveza debajo del brazo para aportar algo. El ron blanco de Martinica me encanta, huele muy bien. El sabor es algo fuerte pero aquí lo mezclan con zumos de frutas y si no se carga mucho la copa, el sabor es muy bueno.
Hay muchísima gente. Están algunos de los americanos, los brasileños, una escocesa, los simpatiquísimos compañeros de piso de Aube y mucha más gente que no conozco. Hay un equipo de música que hay traído Laurent conectado a un ordenador para que hagamos nosotros la lista de música. Una habitación se ha convertido en la pista de baile donde están todos los martiniqueses bailando. Aquí el tipo de baile, como ya os dije, consiste en bailar muy pegados y con movimientos muy sensuales, sin que implique nada secundario. Aunque hay bastante machismo en algunos aspectos culturales de Martinica, se cree que este baile permite a la mujer expresarse sin límites y sin vergüenza. A mí me cuesta mucho imaginarme bailando así. Conforme van pasando las horas, el grupo de españoles ocupamos la pista de baile, pero bailando a nuestra manera; en círculo y más moderados. Sin embargo, se nos unen españoles que viven aquí y nos enseñan a movernos con ritmo caribeño. Al final terminamos todos por parejas aprendiendo a bailar bachata. Nuevo objetivo de este año: aprender a bailar decentemente varios estilos de baile, ¿verdad Rubén?
En la fiesta conocí también a Andrés, un chico colombiano que se vino a Martinica a hace unos meses sin papa de francés con el objetivo de aprender. Me estuvo recomendando sitios para visitar el Colombia. Ojalá algún día...
Tal y como habíamos previsto, a las siete me metía a dormir en la cama, no sin antes pelearme con un mosquito que había decidido dormir conmigo. Ha sido una noche genial. Por cierto, me había llevado la cámara para hacer muchas fotos, pero me lo pasé tan bien y estuvimos sin parar tanto tiempo que se me olvidó sacarla del bolso. Sólo tengo esta foto que nos sacó Gabriela, una de las brasileñas de Sao Paulo. Otra vez será. Ayer se dejaron muchos planes en el aire...
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