domingo, 12 de octubre de 2014

Viernes, 10 de octubre de 2014: Burocracia francesa + ritmo caribeño = María se sube por las paredes.

Lo de estos días no fue nada comparado con lo de hoy, amiguis.
Como os dije ayer, hoy tenía que entregar todos los papeles que había reunido. Por un lado, los papeles para el avance de sueldo, que son varias copias del DNI, justificantes bancarios (recordemos todos los papeles necesarios para esos papelitos de ná...) y dos procès-verbal que certifican las horas que voy a trabajar, uno por cada establecimiento. Me falta el de St Esprit, que como está lejos, en teoría iban a enviármelo por fax. Por otro lado, los papeles necesarios para darme de alta en el régimen MGEN (Seguridad Social), para lo que necesito otro justificante bancario, otra copia del DNI, una copia del nombramiento oficial como auxiliar de conversación y un certificado de nacimiento plurilingüe expedido por mi Registro Civil. Ni qué decir que todo esto me ha llevado casi un mes reunirlo. 
Tengo todo todo reunido menos el procès-verbal de St Esprit. Llego y no me lo habían mandado. Bueno, calma, por eso había ido con tiempo al liceo, ¿no? No eran más que las nueve y media de la mañana, ya había tenido tiempo a tener dos clases y todo. Le vuelvo a explicar a la secretaria mi problema y me dice que no me preocupe, que ella se encarga de llamar. La mujer habla francés nivel pársel, a una velocidad que me cuesta mucho mucho comprender y con mezcla de términos criollos y acento martiniqueño. Sin embargo, consigo adivinar durante la conversación telefónica que mantiene con la secretaria de St Esprit que algo no va bien. Parece que no les da la gana enviármelo. Tras colgar, la secretaria me explica que no quieren enviármelo porque aún no me han visto la cara. Es gracioso, puesto que no he ido porque no he podido, pero en las jornadas de orientación e integración tuve el placer de conocer a mi tutora de allí, a una de sus mejores amigas y a su hermana. Pero me requieren que vaya a St Esprit (12 kilómetros) a firmar el procès-verbal en persona para luego volver aquí a entregarlo y, una vez hecho eso, ir hasta Fort-de-France, la capital (a 20 kilómetros) a entregar lo de la Seguridad Social porque según ellos no lo pueden tramitar en el liceo, conseguir allí un número y entonces volver otra vez a entregar los papeles del avance de salario. Y todo, por supuesto, antes de las doce y media del mediodía y yo sin coche, obviamente. Estoy por responder que es que justo ese día me había dejado la alfombra voladora en casa...
Total, que me da el ataque de pánico padre porque es imposible hacer todo esto. Al parecer, el auxiliar del inglés tiene que hacer lo mismo que yo, porque él también se ha encontrado con esta sorpresa. No es lo que nos habían dicho en el rectorado en un principio. Pensamos entonces en que el tutor de Nicholas, el auxiliar de inglés, nos lleve a FdF a hacer lo del MGEN y luego volvamos. Ya me arreglaré yo con Saint-Esprit. 
Nos montamos en el coche y veo con sorpresa que el hombre, con toda su tranquilidad, nos deja en la parada de taxicos de Riviére Salée y se larga. En plan, no es mi problema. Con la mala leche saliéndome por los poros, nos resguardamos de la lluvia en en tejado de madera de la parada de taxicos hasta que por fin llega uno que nos deja donde tenemos que ir pero, como es tan tarde, la MGEN está cerrada y abren después de comer. Decidimos comer algo en el centro comercial la Galleria, el más grande de la isla, y dar una vuelta a ver qué vemos. Mientras tanto, me llama Jean-Paul para ver qué ha pasado. Le cuento todo y él se cabrea incluso más que yo. Me dice que en veinte minutos viene a por nosotros para ir a la MGEN juntos.
Una vez alli ¡qué sorpresa! nos dicen que allí no tenemos nada que hacer. Son los liceos los que se encargan. A mí el instinto asesino me salía ya por las orejas. Me había venido hasta la capital en taxico perdiendo una mañana entera para nada, porque ya eran las dos de la tarde. Jean-Paul le echa un par y llama por teléfono a la rectora de la académie para pedirle explicaciones y contarle lo que nos está pasando. Después de una conversación larga, con muchas subidas y bajadas de tono, cuelga y nos dice que vamos a St Esprit a por mi documento y después de vuelta al liceo a entregar todo, que la rectora va a llamar a la secretaría para hablar con ellos. Nos vamos de ahí soltando tacos en español como si no hubiera un mañana. Nos encanta.
A las cinco y media de la tarde llego por fin a casa, después de recorrerme todo el sur de la isla en menos de un día gracias a la generosa ayuda de Jean-Paul, que ni siquiera había comido. Solos no habríamos podido y siempre le estaremos muy agradecidos. Si es que es un crack....
Laurent viene a pasar el finde con nosotras así que decido hacer una tortilla de patata para que la pruebe. La semana que viene quiero hacer otra para subir a los caseros. Y así terminamos semejante día de locos...

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