El sol pega tanto que pica en la piel y la arena quema. La playa es más salvaje, no está acondicionada ni explotada para lo turístico. Nos resguardamos del sol debajo de los árboles y nos metemos al agua que está templada tirando a caliente. Es transparente y se ve el fondo aunque no hagamos pie. Durante dos horas nos dedicamos a estar en el agua hablando de experiencias pasadas (viajes, clases, universidad, Erasmus...) como si estuviésemos sentados en la playa, pero en realidad estamos manteniéndonos en la superficie comiéndonos olas y algas a cada minuto. Es gracioso.
Se ha nublado así que decidimos pasear sin miedo a acabar chamuscados para sacar fotos de la playa. Recorremos la playa hasta el final donde vemos hamacas y un ambiente más de hotel. No hay vigilancia ni cartel alguno que prohíba pasar así que tiramos para adelante. Nadie nos detiene; nuestra cara de guiris debe de ayudar bastante.
Hay una pasarela enorme que hace una curva justo antes de llegar a una casetita en la que se guardan las cosas para hacer esquí acuático. A lo largo de la pasarela vamos mirando a ambos lados y se ve el fondo del mar. Coral, erizos de mar, peces, cangrejos... Es precioso. Es una lástima que esté oscureciendo y no se aprecie el color turquesa del agua.
En el álbum os dejo las fotos que he sacado yo, pronto pondré las que sacaron los demás.
PD: A todos los que me deseáis las siete plagas de la Biblia por dar envidia yendo a la playa, que sepáis que el karma me la ha devuelto. Me quemé como una gamba. Yo también os quiero :)
PD: A todos los que me deseáis las siete plagas de la Biblia por dar envidia yendo a la playa, que sepáis que el karma me la ha devuelto. Me quemé como una gamba. Yo también os quiero :)

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