domingo, 19 de octubre de 2014

Sábado, 18 de octubre de 2014

El descanso de ayer me vino muy bien y hoy estoy mejor. Nada más despertarme tengo un mensaje de Vicent y Cristina, una pareja de españoles ambos también auxiliares que viven Trois-Îlets proponiéndome pasar el día en Sainte Anne, una pequeña ciudad del sur de la isla donde dicen que están las playas más bonitas. Acepto encantada.
El sol pega tanto que pica en la piel y la arena quema. La playa es más salvaje, no está acondicionada ni explotada para lo turístico. Nos resguardamos del sol debajo de los árboles y nos metemos al agua que está templada tirando a caliente. Es transparente y se ve el fondo aunque no hagamos pie. Durante dos horas nos dedicamos a estar en el agua hablando de experiencias pasadas (viajes, clases, universidad, Erasmus...) como si estuviésemos sentados en la playa, pero en realidad estamos manteniéndonos en la superficie comiéndonos olas y algas a cada minuto. Es gracioso.
Cuando todos nos morimos de hambre damos una vuelta por los chiringuitos de los alrededores. No decantamos por un sitio que tiene ensaladas, pizzas, sándwiches y pescados. Yo elijo una pizza de marisco con almejas, mejillones, calamar, etc. Está muy buena. Volvimos a pedir Lorraine y hablamos sin parar durante la sobremesa. 
Se ha nublado así que decidimos pasear sin miedo a acabar chamuscados para sacar fotos de la playa. Recorremos la playa hasta el final donde vemos hamacas y un ambiente más de hotel. No hay vigilancia ni cartel alguno que prohíba pasar así que tiramos para adelante. Nadie nos detiene; nuestra cara de guiris debe de ayudar bastante.
Hay una pasarela enorme que hace una curva justo antes de llegar a una casetita en la que se guardan las cosas para hacer esquí acuático. A lo largo de la pasarela vamos mirando a ambos lados y se ve el fondo del mar. Coral, erizos de mar, peces, cangrejos... Es precioso. Es una lástima que esté oscureciendo y no se aprecie el color turquesa del agua. 
Cuando ya se ha ido el sol decidimos volver al coche. Sobre la marcha llamamos a Úrsula y le proponemos ir a un "bar" en Ducos, donde vivimos, a tomar algo. Escribo "bar" porque es algo parecido al restaurante de ayer aunque más moderno. También hay música y una televisión donde están echando videoclips y bailes típicos de aquí. En esa especie de mesa redonda tocamos todos los temas. Úrsula les cuenta a Vicent y a Cristina cómo llegó aquí, sus proyectos de futuro, hablamos del ébola, de la situación de España en general y seguimos anotando mentalmente cualquier dato interesante sobre la isla. Por mi parte, hablo con el novio de Úrsula para intentar averiguar dónde puede encontrar una bendita herboristería. Quiero conseguir aceite de coco y algún remedio contra los mosquitos.
En el álbum os dejo las fotos que he sacado yo, pronto pondré las que sacaron los demás.

PD: A todos los que me deseáis las siete plagas de la Biblia por dar envidia yendo a la playa, que sepáis que el karma me la ha devuelto. Me quemé como una gamba. Yo también os quiero :)

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