viernes, 31 de octubre de 2014

Miércoles, 29 de octubre de 2014: primer mes en Martinica


Recuerdo que hace años odiaba conducir por carretera. Prefería lo seguro. Fuera de la ciudad era un desastre. Me veía teniendo un accidente, pinchando una rueda o quedándome sin gasolina por la noche. 
Mi miedo tuvo que desaparecer por fuerza. Aprendí a mantener la calma, a sentirme más segura, a estar más pendiente, a entender las señales y a destrozar los mapas. Con el tiempo soy parte de la carretera y puedo disfrutar del paisaje y de la música de fondo hasta el punto de querer seguir conduciendo sin tener en cuenta el destino. Pasaría de largo las salidas y seguiría adelante sin pensármelo dos veces. Hasta donde alcance el cansancio. O la gasolina. Con lo justo en la maleta y en el bolsillo, con una buena cámara de fotos y una libreta. Eso siempre.
En la vida pasa lo mismo. Es un viaje en el que aunque hayas estado atento a las indicaciones, por muchos mapas que lleves y por muy bueno que sea tu copiloto, nadie se libra de equivocarse de salida alguna vez. Los mapas se manchan con café, los navegadores dejan de tener cobertura o los copilotos se duermen. Otras veces se desata una tormenta que te impide ver bien las señales. Otras veces las carreteras están cortadas y te ves obligado a desviarte. Ese desvío te lleva por acantilados y curvas peligrosas que requieren toda tu concentración y hacen que te olvides de todo lo demás, curvas que te obligan a frenar, a cambiar de marcha, a cambiar de canción o a frenar en seco. Entonces toca pensar, tomar aliento y mirar alrededor. 
Pero otras veces el desvío te conduce por paraísos de ensueño. Lugares desconocidos que te invitan a inmortalizar el paisaje por la ventanilla y a cantar en voz alta. Muy alta. Y ahí es cuando nos damos cuenta de que ese cambio de planes no ha estado tan mal.
A veces merecen la pena los desvíos. A veces merece la pena perderse solo y sólo por disfrutar del paisaje. En la vida, como en la carretera, lo que recordaremos serán los cambios en nuestra ruta, los imprevistos, las canciones. Como en la carretera, recordaremos quién fue nuestro copiloto. Quién se peleaba con los mapas y se calmaba para que tú mantuvieras la calma. Quién elegía la canción contigo. En la vida, más que el paisaje cuenta el viaje. Más que las fotografías cuentan los momentos, Más que el copiloto cuenta el compañero. En la vida, si te equivocas de salida, llegarás igualmente a tu destino.
Que el viaje sea largo y seamos conscientes. Eso es lo importante.

Hoy hace un mes que llegué a esta isla y me siento como si llevara un año aquí. Soy muy afortunada al poder reconocer que, después de esas dos semanas de preparativos, prisas, ataques de nervios y vértigos cada vez que miraba un mapa, soy muy feliz cometiendo esta locura. Estoy conociendo gente excepcional y viviendo experiencias que sé que me van a marcar durante mucho tiempo. Muchos no imaginábamos que esta isla tan pequeña nos fuera a dar tanto en tan poco tiempo. 
A pesar de todo pienso en España todos los días y lo tengo muy presente. Y si no, mirad esta pequeña joya que me encontré dando un paseo un día...
En un mes he vivido más aventuras que en toda una vida. No me quiero ni imaginar lo que me espera.


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