lunes, 6 de octubre de 2014

Lunes, 6 de octubre de 2014: Primer día de clases

Primer día de clases en el lycée Joseph Zobel. Jean-Paul viene a recogerme a casa porque está diluviando y llegamos a las siete y cuarto allí. Es un complejo de edificios que los identifican con letras, algunos con habitaciones para los alumnos que se quedan internos y para los cocineros. Es enorme, parece más un campus universitario que un colegio. Una vez allí nos perdemos por mil pasillos hasta llegar hasta a aquel santuario que en nuestra época de alumnos nos hemos imaginado como un lugar donde sólo se llevaban a cabo maldades entre exámenes suspensos: la sala de profesores.  Una sala muy grande con varias mesas, ficheros (uno para moi), fotocopiadora, sofás y cafetera (¡yuju!). Y se confirma el mito. Se raja de los alumnos. 
Nos damos un paseo para ver los sitios más frecuentados. La cantine (el comedor), la sala de material, las clases de español y secretaría, donde tendré que entregar las siete bolas de dragón, el evangelio apócrifo y las llaves matarilerilerile necesarias para poder llevar una vida laboral normal aquí en Francia. La combinación de burocracia francesa con ritmo caribeño es un invento del diablo. Todos los alumnos están asentados por las esquinas esperando a que suene el timbre. Por los pasillos se me giran hasta los perros y yo muriéndome de la vergüenza... 
Y ya llega el momento de entrar en la primera clase. Creedme si os digo que me tiemblan hasta los pelos de la nariz pero lo disimulo con sonrisa y cabeza bien alta para que no me coman. Entro en la clase y quiero huir al ver que la mayoría me saca dos cabezas; me miran con mucha curiosidad pero aún no se atreven a preguntar. Entonces Jean-Paul les dice a ver si tienen algo que decir. Después de unos segundos de silencio, veo una mano levantada. Un chico pregunta que "quién es esa señora". No le he tirado una tiza porque no me parecía un buen comienzo. Entonces me he presentado y poco a poco me han preguntado que de dónde provengo, cómo he llegado hasta aquí, cómo es España, cuántos años tengo... Y que si hablo francés. Hemos acordado que era mejor que pensaran que no lo hablaba, para forzarlos a hablar español. Veremos cuánto tiempo dura la mentira.
Después de las presentaciones me siento al fondo de la clase para ver cómo se desarrolla todo. Hoy han estado hablando sobre la influencia de las nuevas tecnologías en la comunicación. Los alumnos son generalmente buenos, pero a esas horas a mí tampoco me saldría hablar en un idioma que no controlo. Hay un chico que no deja de mirarme, bajito, que tiene cara de niño y parece menor a los demás. En un momento de despiste, Jean-Paul le suelta que "a ver si se ha enamorado de mí", y el asiente sonriente con la cabeza. La clase entera se mea de risa y yo he pasado por trece tonos de rojo mientras tanto. Para que se vayan acostumbrando a mi acento, en lugar de hacer un trabajo de escucha, leo un texto en voz alta y con tranquilidad y trabajamos a partir de eso. Las clases duran cincuenta y cinco minutos así que no da tiempo para mucho más. A la salida, el chico de antes se acerca y me pregunta que a ver si volveré el próximo día con monsieur Jean-Paul. Y le tengo que responder que no tengo ni idea porque aún no tengo los cursos fijos. Yo me intento mantener en mi sitio mientras Jean-Paul se muere de risa.
La siguiente clase el nivel es algo más flojo, son más jóvenes. Se repite el mismo ritual que en la clase anterior, pero aquí me preguntan directamente que a ver cuántos hijos tengo. Me rindo.
Después vamos a hacer papeleo, que como ya he dicho, es una tortura china. Para poder cobrar este mes tengo que conseguir antes del 10 de octubre un papel que se consigue presentando otro grupo de papeles, entre ellos, un papel de mi cuenta del banco, la cual no puedo abrir hasta que no tenga otro papel que debería tener desde hace cuatro días. El cuento de nunca acabar. 
Volvemos a la última clase. Me quedo sorprendida con el nivel de algunos alumnos. En general esta clase tiene muchas dificultades de aprendizaje, no se sabe muy bien por qué, pero hay tres alumnos en concreto que se desenvuelven muy bien. En este caso, el malote guaperas de la clase me ha pedido que me saque una foto con él. En todas las clases está el tímido, el pasota, el guaperas, el cotilla... Se ven a la legua. Cuando termina esta clase le pido a Jean-Paul que si puedo coger este grupo. He visto que tienen bastante necesidad en general y me ha llamado la atención. Lo iremos viendo. He comido con los profesores en el comedor y son todos muy acogedores y simpáticos.
Una ver terminada la jornada en el lycée, vamos al banco a intentar abrir la cuenta con los papeles que he conseguido hoy. Cerrado. El Caribe y su ritmo...
He pasado la tarde en casa pensando en actividades para hacer a partir de la semana que viene y haciendo un poco el vago. No ha parado de llover en dos días y así va a ser toda la semana. Es algo preocupante porque la lluvia favorece la reproducción de los mosquitos... Éramos pocos y...
Hoy lo dejo aquí. Voy a aprovechar que mañana no madrugo para dormir bien y coger fuerzas para pelearme a muerte con los del banco.
Mando un abrazo enorme a toda mi familia. Hay que pensar que siempre, siempre, siempre, después de la lluvia sale el sol... O un bonito arco iris. 

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