Tal y como dije, aquí el día se empieza antes del alba. A las cinco de la mañana ya han sonado los despertadores en casa. Mientras yo lucho por abrir un ojo, Hayley sale fuera a respirar el aire fresco de por la mañana; en cuestión de minutos, ese aire será pesado y húmedo otra vez.
Soy incapaz de adivinar cómo funciona la cafetera así que salgo de casa con un ojo cerrado. La tutora de Hayley nos va a hacer el favor de llevarnos a Fort-de-France donde tenemos la primera reunión en el lycée Joseph Gailliard. Durante el camino experimentamos un verdaderp atasco, sin punto de comparación con los que he sufrido en Madrid. Los doce kilómetros que hay entre Ducos y FdF deberían recorrerse en catorce minutos, pero en la isla, en hora punta, se tarda casi una hora. Desesperante. Sin embargo podemos ver las bonitas vistas de la bahía, el aeropuerto, la ciudad de Troîs-Îlets al fondo, el paisaje verde con las casas de colores encaramadas a las colinas...
Finalmente cuando llegamos nos reciben cientos de miradas de alumnos curiosos, no sabemos si es por nuestro aspecto, nuestra forma de vestir o que todos estamos tan llenos de picaduras de mosquito que parecemos dálmatas. Unas estudiantes de Turismo de la universidad de las Antillas nos reciben con un discurso de bienvenida en francés, inglés, español, alemán y portugués.
A lo largo de la jornada nos dan la bienvenida a la isla y nos la presentan brevemente, ya que mañana tendremos unos talleres culturales para poder integrarnos sin problemas. Hoy nos dedicamos a papeleo, papeleo y papeleo. Cómo darse de alta en el MGEN, los tipos de cobertura que hay, la documentación necesaria para ello y para solicitar el adelanto del primer sueldo, orientación para la compra de coches (opción que estoy barajando cada vez más), etc. Una infinidad de papeles que tenemos que reunir para solicitar más papeles que nos permitan solicitar cosas. El cuento de nunca acabar. En mi caso el tema es incluso más complicado, porque soy la única de todos los auxiliares que aún no tiene el contrato cumplimentado debido a la rapidez de los acontecimientos. Sin el contrato no puedo abrirme una cuenta en el banco, por lo que no puedo hacer transacciones ni domiciliar facturas, así que tardaré en conseguir un contrato de teléfono.
Hay auxiliares que vienen de Brasil y de muchas partes de Estados Unidos, todos ellos de ambas costas menos mi querida Hayley, que viene del interior. La gente local que hemos conocido hasta ahora es muy acogedora y atenta y nos piden que disfrutemos de la isla porque tiene mucho que ofrecernos.
Cuando acaban las jornadas, volvemos a Ducos en coche y vamos al centro a comer Hayley, una amiga suya americana y otra chica española que viven en Ducos, Elena. Después tenemos que volver hasta nuestras casas andando. En un mapa la distancia es ridícula, pero hay que contar con los niveles tan espantosos que hay por todas partes, el 85% de humedad y los 30ºC con los que hay que hacer el tramo. Cuando llegamos a casa voy directamente a la ducha y pongo el agua fría a tope.
Después de habernos recuperado un poco, me dispongo a hacer una de mis actividades favoritas cuando estoy en un país extranjero: ir al supermercado.

Parece una tontería, pero muchas veces no nos fijamos en la cantidad de cosas curiosas que podemos encontrar. Un claro ejemplo es la fruta y verdura tan peculiar que hay, aún estoy aprendiéndome los nombres. Tienen botellas de Coca-Cola que no había visto nunca, y en la sección de zumos uno se puede perder. Zumos de maracuyá, mango, Fanta de guaraná, mermeladas de frutas exóticas... Un día haré una entrada dedicada sólo a los productos que podemos encontrar en las tiendas de aquí.
Aprovechando el paseo, nos acercamos a ver dónde está correos, el banco, la farmacia, la iglesia ya la gare routière. Durante el paseo compruebo que todo lo que me habían advertido era cierto. Todo el mundo nos mira y muchos se paran a intentar hablar con nosotras. Es un tanto extraño.
Mañana más y mejor.

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