viernes, 3 de octubre de 2014

Jueves, 2 de octubre de 2014: Segundo día de formación

Quizás ayer estaba muy emocionada por el comienzo de esta aventura, porque hoy me ha dolido en el alma oír el despertador a las cinco. Como esto vaya en aumento habrá que llamar a los bomberos para levantarme de la cama. Los que me conocéis sabéis a qué me refiero. 
Hoy no teníamos quién nos llevara a la capital, así que tenemos que usar el transporte público. En Martinica hay autobuses en la zona de la capital y alrededores, pero en el resto de la isla no. A veces hay pequeñas navettes (furgonetas) que hacen de autobuses entre pueblos concretos pero no hay horario fijo. Por último, está el transporte por excelencia de la isla: el taxico (diminutivo de taxi collectif). ¿Conocéis esa sensación de incomodidad cuando compartes un ascensor durante muchos pisos? Pues esto es ya otra liga. Imaginemos compartir una camionetilla con nueve desconocidos apretujados durante atascos kilométricos a 30ºC. Inmejorable. Bromas aparte, no es una mala manera de suplir la falta de transporte público. Sin embargo, los conductores te dejan donde a ellos les da la gana y hay que tragarse los atascos.
Una vez en la capital, buscamos un autobús que nos lleve hasta el lycée. Conseguimos llegar a las 8:15, con quince minutos de retraso, pero habiéndonos levantado hace más de tres horas. Para que os hagáis una idea.
Las jornadas de hoy prometen. Vamos a ver las características socioculturales de la isla.
Primero nos explican mapa en mano las principales ciudades y zonas de Martinica y nos cuentan algo de historia. La descubrió Cristobal Colón en 1502 y le dio ese nombre. Los lugareños la llamaban Jouanacaëra-Matinino, que significa «isla de las iguanas - isla de las flores». 

Podemos dividir la isla en dos zonas bien diferenciadas. La zona norte comprende desde FdF hasta Grand Rivière; es la parte más montañosa y salvaje de la isla, donde se encuentra la selva tropical y el volcán Pelée (la isla es de origen volcánico). Hoy en día sigue activo.. El sur es más seco , menos accidentado y es donde se concentra el turismo debido a que las mejores playas de la isla se encuentran al sur. Las del norte son de arena negra por el volcán.
Ahora estamos en época de lluvias y fuertes vientos tropicales y no debemos frecuentar las playas de Macouba, Basse Pointe, Le Lerrein, Le Marigot y Sainte Marie que se encuentran en la costa Atlántica expuesta a los Alisios. Por lo tanto, esta costa es la idónea para los deportes acuáticos como el surf y la vela tradicional. Consiste en llevar barcas llamadas yole ronde manteniéndolas en equilibrio. Para ello, los remeros deben inclinarse hacia los extremos del barco, quedando totalmente suspendidos en el aire sujetos a los remos. Hay regatas cada fin de semana. Por otro lado, la costa caribeña es muy tranquila y las playas apenas tienen olas.
El clima es tropical húmedo y hay dos estaciones: la estación húmeda, de mayo a noviembre, y la estación seca de febrero (después de Carnaval) a abril, con una temperatura media de 26ºC. La temperatura más baja se registró por la zona de Le Carbet en 1965 y fue de 12ºC. La oscilación térmica es muy drástica; en menos de diez minutos podemos pasar de un día de sol maravilloso a sufrir un tormentón. No sé si os sonará de algo a los navarros...
Obviamente una de las actividades más importantes de la isla es la pesca. Para ellos simboliza el valor por excelencia de la Martinica: la solidaridad. La pesca es un trabajo arduo que hay que hacer en equipo, y por eso Gauguin la representaba en muchos de sus cuadros. Todo el mundo echa una mano de manera desinteresada; forma parte de la cultura. Por otro lado, en la sociedad actual sigue existiendo cierto rencor hacia la metrópoli debido a los sufrimientos padecidos en el pasado. Napoleón reestableció la esclavitud en 1794 y por ello la estatua erigida en su honor en la capital ha sido encontrada decapitada en numerosas ocasiones. A su vez, la isla está plagada de monumentos para recordar el sufrimiento de la esclavitud y para honrar a aquellos que lucharon por la libertad.
El francés y el criollo martiniqués son las lenguas oficiales de la isla. El francés martiniqués es una mezcla de las dos. Existe sólo como lengua oral, nadie lo escribe. Por ejemplo, aquí dirían le crabe a un gros mordant para referirse a que el cangrejo tiene unas pinzas muy grandes. No debemos pensar que sólo existe un tipo de criollo, ya que son muchos los que hoy en día coexisten y son muy diferentes entre sí: beliceño, bissauguineano, caboverdiano, haitiano, palenquero, reunionés, sanandresano, mauriciano, guadalupeño... Un martiniqués sólo podría entenderse con un guadalupeño. Está basado en el francés con elementos de lenguas africanas. Un ejemplo es el título de este blog, que significa que el hogar está donde está tu corazón. A lo largo de la mañana nos enseñaron muchos términos de gastronomía y frases del día a día que seguramente nos encontraremos.
De esta manera hilamos con el tema de las frutas y las verduras. Este tema y el de la fauna y  la flora los desarrollaré más adelante cuando tenga más información y haya hecho excursiones a la selva. Me limito a comentar que he visto arañas que espero no tener que ver desde más cerca.
Martinica cuenta con una amplia variedad de frutas tropicales; sólo voy a hacer mención a la guayaba (mi desayuno de por las mañanas junto con el mango), la piña, el coco, la fruta de la pasión o maracuyá y por supuesto, el plátano y la banana. Hay 325 tipos sólo aquí. También nos dieron a probar la caña de azúcar.
Después pasamos a un tema más serio: los riesgos naturales. Seísmos, tsunamis, ciclones, erupciones... Los seísmos y los tsunamis, como sabemos, van ligados. Hace muchos años, cuando aquel terremoto sucedido en Portugal destrozó Lisboa, apenas ocho horas más tarde Martinica sufrió la llegada de un tsunami. El último seísmo sucedió en 2007 y alcanzó un 7,4 de magnitud. En cuanto al volcán, la última erupción fue en 1902 y acabó con la vida de 30000 personas. No se ha registrado actividad desde entonces. En cuanto a los ciclones y huracanes, me vine en plena temporada de ciclones tropicales que comprende el periodo del año entre junio y noviembre; el mes de octubre es el más lluvioso del año. Los huracanes y vientos fuertes son más comunes que todas las catástrofes anteriores, pero hace muchísimos años que no muere nadie por esto. Los edificios son seguros y basta con estar pendiente de la radio Martinique, radio Caraïbes Internationa y de la estación meteorológica para estar prevenidos. Nos dieron ciertas indicaciones a seguir por lo que pudiera suceder mientras estuviésemos con los chicos en clase. También nos recomendaron tener un bolsito con cosas esenciales preparado por si acaso.
Por  último, nos enseñaron algunos ritmos utilizados en la música tradicional martiniquesa. Lo más conocido es el zouk, una especie de bachata cuyo baile consiste prácticamente en bailar con una persona sin pisar las rayas de la baldosas... Pero la verdadera música tradicional es el bèlè.
https://www.youtube.com/watch?v=BVvxOSMjXgo

Ha sido una jornada intensa y con muchísima información para retener. El hablar de gastronomía nos ha dado hambre, así que hemos pedido permiso a la casera para coger un aguacate del jardín y he podido comprobar que Hayley hace el mejor guacamole del mundo.
Me hace gracia que en todo el día no nos han mencionado nada de los mosquitos. Personalmente parezco un cuadro... Y tengo algunas que parecen hechas por aviones. He aquí la prueba.

Dicho esto, voy a coger la zapatilla y que se abra la veda de esta noche. 

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