Como ya dije ayer, hoy he podido hacer vida normal sin problemas. He ido por primera vez al collège, el otro establecimiento donde voy a dar clase. Los alumnos de collège tienen entre 11 y 15 años.
Ir hasta allí es toda una aventura. Se encuentra en la localidad de Saint Esprit, que está a cuatro kilómetros de Ducos, donde yo vivo. También he comentado alguna vez que aunque aquí las distancias sean pequeñas es un coñazo moverse. Bien, pues para ir hasta allí, tengo que andar veinte minutos en cuesta arriba hasta el centro del pueblo (subiré fotos de las cuestas, que oigo los "exageraaada" desde aquí) con un solazo de justicia. También hay que decir que después de tormentas y tifones como el de ayer suben muchísimo las temperaturas. Hoy hemos llegado a alcanzar los 37ºC, con un 70% de humedad. He llegado hasta la parada de taxico sudando como un pollito y con toda la ropa mojada. Recordemos también que para ir a trabajar tengo que ir con pantalón largo y camisetas de media manga... Y mi pelo. Mi larguísimo pelo que cualquier día me voy a rapar al cero. Una vez allí compro un billetito y pregunto cuándo pasa el siguiente a St Esprit (no hay horario fijo, si al conductor no le apetece pasar pues no se pasa) y el señor me responde que en menos de una hora debería pasar alguno. Así que me siento debajo del ventilador a esperar. Tres cuartos de hora más tarde pasa uno por fin. Nota mental: llevar siempre un libro en el bolso.
Una vez allí la gente se va bajando según avanzan las paradas hasta quedarme yo sola con monsieur conductor. Le pregunto a ver qué parada me viene mejor para ir al collège porque nada de lo que veo me suena, es la primera vez que estoy en el centro de este pueblo. El hombre, muy amable, me deja justo al pie de la cuesta que lleva al collège. Todo lo que es importante en esta isla tiene su sede en la cima de una cuesta...
El collège es curioso. Son barracones de una sola planta y los designan con letras. Todos los niños van con uniforme (vaqueros y camiseta de un color específico) y me miran como si fuese bailando por ahí con un tutú. Cuando ya me he reencontrado con mi tutora, me explica cómo funciona esto. Los niños se resguardan del sol debajo de unos tejadillos que tienen secciones divididas por marcas pintadas en el suelo. La profesora en cuestión tiene que ir hasta esa sección y llevarse a los alumnos en fila hasta la clase. A partir de ahí ellos se cambian de clase por su cuenta a lo largo del día.
Hoy voy a tener tres clases en las que me limito a observar; mañana empezaré con mi labor de verdad.La primera es con Amélie, la segunda con una profesora mejicana que se llama Patricia y luego vuelvo con Amélie. La primera clase tiene un nivel bastante decente para tener 12 años, me quedo muy impresionada. Todos me parecen guapísimos, con unas pestañas muy largas y con el pelo trenzado... Siempre que intervienen para hablar con la profesora lo hacen en español. Cada vez que entra un profesor en clase se levantan y no se sientan hasta que se lo ordenan. Me tratan de usted y de señora y les digo que pueden tratarme de tú; a muchos les choca, así que prefieren llamarme señorita. Y yo no dejo de oír en mi cabeza "Rottenmeier, Rottenmeier..." Me hacen muchas preguntas sobre mi vida aquí, en España, mi familia, mis gustos... Alucinan con el tema de que tengamos dos apellidos y por la forma de heredarlos. Tienen mucha curiosidad por aprender palabras y expresiones nuevas para hablar conmigo. Cuando respondo que mi color preferido es el blanco, esta vez no hay cara de "menudo bicho raro": es el color del uniforme del colegio. ¡Es el destino, amiguis!
Los alumnos de la segunda clase tienen que hacer una exposición sobre un cuadro de Frida Kahlo que se llama "El autobús" así que no tengo opción de participar y me limito a observar cómo lo hacen. Finalmente, la tercera clase es la que más me llama la atención. Aparte de que todos me parecen MUY bajitos (nosotros no éramos así con 12 años ¿verdad?) llevan sólo un mes aprendiendo español y ya son capaces de hacer frases completas sin errores. Me quedo pasmada. Pero la sorpresa no acaba ahí.
Cuando estoy respondiendo a sus preguntas sobre mí, veo emoción en sus caras cuando digo que soy de Pamplona. Hasta ahora sólo un alumno sabía dónde estaba porque conocía el equipo de Osasuna, pero esta vez no es por el fútbol. En ese momento Amélie les pide que me cuenten lo que saben de Pamplona. Empiezan a levantar la mano y me explican qué es San Fermín, cómo hay que vestirse, las costumbres, las fechas... Yo flipando pepinillos. Al parecer, cuando supieron de dónde venía, estuvieron investigando sobre la ciudad y les pareció interesante. Uno de ellos dice que también conocen la canción. Yo, que estaba más perdida que el barco del arroz le pregunto que de qué canción me habla. Y entre todos empiezan a cantar "1 d enero, 2 de febrero, 3 de marzo...". Se saben la canción entera en español con un acento francés adorable. A mí se me cae la baba. Entonces Amélie me explica que fue la mejor manera para que aprendieran los números y los meses del año. Aún conservan la letra en la pizarra, que la tenían tapada con una tela. Aquí os dejo la foto.
Después de esta sorpresa tan bonita seguimos hablando de España y les cuento que estudié en Madrid. Todos se emocionan porque "he vivido con Cristiano Ronaldo". Es una pena que no pueda tener a esta clase, consideran que son demasiado nuevos como para tratar conmigo. Mañana conoceré a más alumnos.
Por la tarde se había suavizado el tiempo y salimos a comprar provisiones por si acaso en un futuro nos toca pasar varios días en casa, nunca se sabe. Al volver, la casera nos estaba esperando con mi primera carta del banco (ovación) y una perolita de potaje criollo de pavo con especias que le había sobrado así que nos lo comimos para cenar. A pesar de la rara sensación de comer potaje a casi 40ªC, estaba buenísimo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario