viernes, 31 de octubre de 2014

Jueves, 30 de octubre de 2014

Hoy hemos ido a pasar el día a la playa a Sainte Luce. Nos hemos hecho expertas estos días en hacer autostop, pero hoy Hayley no viene y no quiero hacerlo sola, así que me cojo un taxico para bajar hasta allí. Me toca el asiento al lado del conductor, es un señor mayor con sombrero vaquero muy simpático y enamorado de las rancheras.
En Sainte Luce nos paseamos por playas vírgenes preciosas, con más manzanilleros, pero esta vez sin lluvia. El mar está muy revuelto y hay olas, algo inusual en el mar Caribe. Estos días hemos visto cangrejos ermitaños bastante grandes, y yo me lo pasaba genial tocándoles las narices. Pues hoy Cris y Vicent se han encontrado uno pequeñísimo y me lo han traído para que lo viera. Con Sebastián (el cangrejo, por supuesto) me lo he pasado incluso mejor que con el grandullón de ayer. ¡Mirad qué diferencia!
Desgraciadamente nos tenemos que volver muy pronto porque corremos el riesgo de que dejen de pasar taxicos y quedarnos tirados. Unos van a Schoelcher, otros a Trois-Îlets y yo a Ducos. Nos cogemos los tres grupos un minibus, En un cruce se bajan los de Schoelcher a tirar de autostop para volver. Ellos lo tienen más difícil hoy. Yo sigo con Vicent y Cris, los de Trois-Îlets, hasta el pueblo que hay justo en el cruce de las carreteras entre Ducos y Trois-Îlets. Después de estar un rato haciendo autostop, nos paran dos hombres muy simpáticos. Iban al aeropuerto a recoger a la mujer de uno de ellos, así que me pueden dejar en mi casa de una tirada. A Vicent y a Cris los dejan en otro cruce para que hagan autostop. Me encanta conocer gente así.
Esta noche Hayley me ha hecho guacamole con chile habanero, que es el chile autóctono de las Antillas. Es un chile bastante fuerte; lo podéis ver clasificado nivel mayor a 300000 en la escala Scoville, que sirve para medir el ardor y picor de los chiles. Sí, todos habéis acertado, he ido de motivada de la vida, se me ha colado un trocito de chile mal picado en uno de los nachos y lo he pasado fatal. Es una sensación horrible. No se parece en nada a cuando te pasas de picante en una comida en España. En este caso sientes que te están atravesando la lengua, te lloran y escuecen los ojos y el ardor se va extendiendo hasta el esófago. Tarda unos veinte minutos en irse, veinte minutos que he pasado con la cabeza metida en el lavabo llenito hasta arriba de agua. Sin exagerar. Cuando sacaba la cabeza, el ardor volvía al instante, que lo intentaba combatir con mermelada, pero lo reduce durante poco tiempo. Tienes que esperar a que se pasen los efectos, y sólo es soportable con agua en la boca; y a mí me ardía la cabeza entera. ¡La pobre Hayley se sentía culpable al verme con cara de besugo!
Mañana es Halloween y nos espera un día divertido. ¡Muchos besos!

Miércoles, 29 de octubre de 2014: primer mes en Martinica


Recuerdo que hace años odiaba conducir por carretera. Prefería lo seguro. Fuera de la ciudad era un desastre. Me veía teniendo un accidente, pinchando una rueda o quedándome sin gasolina por la noche. 
Mi miedo tuvo que desaparecer por fuerza. Aprendí a mantener la calma, a sentirme más segura, a estar más pendiente, a entender las señales y a destrozar los mapas. Con el tiempo soy parte de la carretera y puedo disfrutar del paisaje y de la música de fondo hasta el punto de querer seguir conduciendo sin tener en cuenta el destino. Pasaría de largo las salidas y seguiría adelante sin pensármelo dos veces. Hasta donde alcance el cansancio. O la gasolina. Con lo justo en la maleta y en el bolsillo, con una buena cámara de fotos y una libreta. Eso siempre.
En la vida pasa lo mismo. Es un viaje en el que aunque hayas estado atento a las indicaciones, por muchos mapas que lleves y por muy bueno que sea tu copiloto, nadie se libra de equivocarse de salida alguna vez. Los mapas se manchan con café, los navegadores dejan de tener cobertura o los copilotos se duermen. Otras veces se desata una tormenta que te impide ver bien las señales. Otras veces las carreteras están cortadas y te ves obligado a desviarte. Ese desvío te lleva por acantilados y curvas peligrosas que requieren toda tu concentración y hacen que te olvides de todo lo demás, curvas que te obligan a frenar, a cambiar de marcha, a cambiar de canción o a frenar en seco. Entonces toca pensar, tomar aliento y mirar alrededor. 
Pero otras veces el desvío te conduce por paraísos de ensueño. Lugares desconocidos que te invitan a inmortalizar el paisaje por la ventanilla y a cantar en voz alta. Muy alta. Y ahí es cuando nos damos cuenta de que ese cambio de planes no ha estado tan mal.
A veces merecen la pena los desvíos. A veces merece la pena perderse solo y sólo por disfrutar del paisaje. En la vida, como en la carretera, lo que recordaremos serán los cambios en nuestra ruta, los imprevistos, las canciones. Como en la carretera, recordaremos quién fue nuestro copiloto. Quién se peleaba con los mapas y se calmaba para que tú mantuvieras la calma. Quién elegía la canción contigo. En la vida, más que el paisaje cuenta el viaje. Más que las fotografías cuentan los momentos, Más que el copiloto cuenta el compañero. En la vida, si te equivocas de salida, llegarás igualmente a tu destino.
Que el viaje sea largo y seamos conscientes. Eso es lo importante.

Hoy hace un mes que llegué a esta isla y me siento como si llevara un año aquí. Soy muy afortunada al poder reconocer que, después de esas dos semanas de preparativos, prisas, ataques de nervios y vértigos cada vez que miraba un mapa, soy muy feliz cometiendo esta locura. Estoy conociendo gente excepcional y viviendo experiencias que sé que me van a marcar durante mucho tiempo. Muchos no imaginábamos que esta isla tan pequeña nos fuera a dar tanto en tan poco tiempo. 
A pesar de todo pienso en España todos los días y lo tengo muy presente. Y si no, mirad esta pequeña joya que me encontré dando un paseo un día...
En un mes he vivido más aventuras que en toda una vida. No me quiero ni imaginar lo que me espera.


martes, 28 de octubre de 2014

Martes, 28 de octubre de 2014

Hace dos días recibí un e-mail del banco que decía que ya podía pasar por la oficina a recoger MI TARJETA. Ya sólo me falta el PIN para poder tener una vida normal por aquí. Así que hoy nos vamos de recados por Ducos.
Para variar, llueve. Contamos con un paraguas que nos prestó una amiga hasta que consigamos uno. Allí me atiende mi amigo el banquero, que se acuerda de mi nombre. Me pregunta si ya he visitado los lugares que le dije en su día que quería visitar de la isla, qué tal mis alumnos, qué tal los mosquitos... 
Después del banco vamos a dar una vuelta por los rincones del pueblo que aún no conozco. El centro cultural está cerrado, pero me quiero acercar otro día a ver si puedo colaborar en algo. También nos acercamos a la biblioteca municipal y nos hacemos socias. Hayley estudió literatura francesa y se especializó en literatura antillesa, así que se ha leído la mitad de los libros de la biblioteca y está encantada de recomendarme sus preferidos. Me he cogido uno que se llama "Yo, Tituba, bruja..." de Maryse Condé, guadalupeña de 77 años que estudió en París. El libro trata sobre las penurias una esclava de Barbados, las condiciones de vida en aquella época y sobre el mundo de la brujería que se practicaba y se sigue practicando en algunos rincones de las Antillas. Me ha dicho que es bastante duro, pero me encuentro en condiciones emocionales decentes como para leer dramones. Ya os contaré qué tal.
Seguimos haciendo un tour por el pueblo y encontramos una mosquitera para la cama de matrimonio de Hayley y más cosillas que necesitamos por casa. Por la tarde me dedico a planear cosas para el resto de la semana y a intentar buscar algún trabajillo aparte porque está complicado el tema. Aún no nos han pagado este mes, y muchos agonizamos. También debería ponerme más en serio con la preparación de actividades para el cole, sí... Tengo cosas pensadas, pero si a alguien se le ocurre algo divertido para practicar español, que me lo cuente ¡y yo le aplaudo con las orejas!

Lunes, 27 de octubre de 2014

Hoy madrugamos y vamos a la agencia a ver qué nos dicen. En un principio el seguro (a todo riesgo) nos cubriría todo menos la rueda. Qué casualidad, ¿no? Seguimos peleando. Quedamos en hablar por teléfono mañana porque "no depende de ellos". Ya veremos...
Conseguimos llegar hasta Sainte Luce, toda una aventura. Está al sur y se ve la isla de Santa Lucía al fondo. Un amigo de Hayley nos va a recoger en coche para pasar el día en una playa de la comuna de Sainte Anne.  Tarda una hora, y mientras tanto está diluviando y no tenemos paraguas... 
La playa se llama Cap Macré. Tiene aspecto salvaje, con bosque a pie de playa, flores que crecen en la arena... pero también con unos árboles venenosos llamados manzanillos de la muerte. Su fruto tiene el aspecto de una manzanita y es venenoso, al igual que la propia savia del árbol. Están marcados con pintura roja para evitar que las personas se resguarden de la lluvia bajo su copa, puesto que el agua, al entrar en contacto con las hojas y por lo tanto con la savia produce quemaduras, erupciones y ampollas muy dolorosas en la piel. Incluso el humo producto de la quema de la madera también es irritante. Casualmente, como empieza a llover con fuerza, decidimos volver a casa.

Domingo, 26 de octubre de 2014

Después del día de ayer, hoy yo toca día casero, no vaya a ser que salga a la calle y me caiga un piano en la cabeza.
Os dejo una foto de un tipo en la autopista de Fort de France. La puso Jean Paul en Facebook. No tiene desperdicio...
Welcome to Martinica. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Sábado, 25 de octubre de 2014: por si no había sido suficiente...

Hoy sábado Hayley y yo recogemos el coche de alquiler que hemos reservado para el fin de semana. Es una agencia americana bastante más barata que las locales. La única pega es que tenemos que ir a recoger el coche hasta Sainte Luce, un pueblo costero del sur de la isla. 
Una vez que lo tenemos, paso a recoger a Vicent y a Cristina para ir a Anse d'Arlet, una de las playas más bonitas de la isla junto con Sainte Anne y les Salines (esa última sigue pendiente) y allí nos esperan los tres de Schoelcher, Elena, Úrsula y su novio martiniqueño. El conducir se me da mejor de lo que pensaba. No estoy acostumbrada a conducir uno de gasolina, y tengo que ir con mil ojos para tener mucho cuidado, por no hablar de las carreteras y de las cuestas que hay aquí. Ya he comenzado a grabar pequeños vídeos con los que haré una compilación para haceros una muestra de las carreteras que hay por aquí. La misma calle de mi casa tiene una pendiente muy pronunciada; aparcar y sacar el coche es todo un deporte de riesgo. 
La playa de Anse d'Arlet es preciosa e idónea para hacer buceo y snorkel. El buceo lo dejaremos para más adelante, hoy nos turnamos con las gafas de Rubén. El agua es totalmente transparente, incluso desde la superficie se puede apreciar el fondo. Rubén y yo nos aventuramos un poco y nos alejamos de la orilla. Encontramos estrellas de mar, preciosas. Le pido las gafas y me sumerjo para coger una y enseñarla a los que se han quedado en la orilla. Es naranja, dura, con muchas púas que no hacen daño si la coges con cuidado. Además, Andrea, una de las chicas que vive en Schoelcher con Rubén y Ángela, tiene una cámara acuática y nos dedicamos a hacer el cabra con ella. He dejado las fotos en el álbum.
Ellos se vuelven a Shoelcher antes del anochecer. El plan es ir a la capital al bar donde fuimos el otro día, le Garage, a tomar algo. Nosotros nos quedamos un poco más para ver el atardecer y nos organizamos para ir a Schoelcher. Vamos a Trois-Îlets, Vicent y Cristina se duchan y luego vamos a mi casa a cenar todos junto con Elena, Úrsula y Axel para ir después a le Garage. Cenamos tortilla de patata y nachos con guacamole. El padre de Elena es mejicano, por lo tanto, le sale buenísimo. Hablamos de las cosas buenas y malas de Martinica, Axel nos da la razón en todas y cada una de ellas... Y además me ayuda con un problema que tenía con el ordenador. Como sabéis, dependiendo del país en el que vivas, tenes ciertos límites de acceso a páginas de otros países. Desde España nunca he podido ver la televisión francesa por Internet, por ejemplo, y cuando me fui de Erasmus tuve que dejar de usar Spotify porque no me dejaba al tener perfil español. Aquí me ha pasado lo mismo. Hace dos semanas me reconocieron el perfil español de Spotify y me limitaron el acceso. Yo sin mi música no soy nada, y ahí tengo más de 67 listas de reproducción con cientos de canciones en cada una de esas listas, hechas para el humor que tenga en ese momento, según el estilo, el idioma... Vamos, que no lo puedo empezar de cero con otro programa sin volverme loca. Mientras contaba esto, Axel me dijo que él conocía una extensión para Google Chrome que desbloqueaba los contenidos "prohibidos" en todos los países del mundo. Me la instaló y me reconfiguró el navegador y vuelvo a tener mi almacén bolso de Mary Poppins de Spotify. Feliiiz.
Después de cenar, Úrsula y Axel se bajan del barco, Hayley se va con un amigo por ahí y no volverá hasta mañana y nos quedamos los demás en el plan de le Garage Allí nos esperan los demás junto con los auxiliares de portugués brasileño. Llegamos bastante tarde porque la cena nos ha retrasado. Una vez allí decidimos hora y sitio para el plan de mañana domingo y nos retiramos después de medianoche.
Parecía que iba a ser un día perfecto pero... Justo cuando salíamos del centro de la capital, me como un bordillo de la carretera, pincho una rueda y me cargo el embellecedor de la parte inferior del coche, a la una de la madrugada en pleno centro de la capital, en una zona no muy aconsejable para moverse de noche. Menos mal que iba con compañía, que me tranquilizan y entre todos empezamos a trastear con el gato del coche mientras Vicent afloja las tuercas de la rueda. Parece que hay que desplegarlo de alguna manera pero no sabemos cómo. Un hombre que pasaba por esas calles desiertas nos ofrece su ayuda. Con lo desesperados que estamos, aceptamos. Resulta ser un buen tío; nos muestra como hacerlo y, efectivamente, era una tontería. Nos estábamos complicando la vida. Cuando ya tenemos la rueda cambiada, metemos el embellecedor en el maletero y nos ponemos en marcha. Dejo a Elena en Ducos en primer lugar y luego continúo hasta Trois-Îlets para dejar a Vicent y a Cristina. A la entrada del pueblo me para la gendarmerie (la policia): control de alcoholemia. Han tenido la genial idea de plantar el control en medio de una cuesta. Entre los nervios que llevo encima, el embrague, el freno de mano... Tengo que hacerlo dos veces porque a la primera lo hago mal. Mientras estoy haciendo el segundo intento, un coche que viene detrás de mí ve el control y se da la fuga. Cuando terminan conmigo, varios policías se montan en la furgoneta y van tras él. Nosotros seguimos. Después de dejarles en casa, me toca hacerme 16 kilómetros hasta mi casa sola, de noche. Menos mal que esa carretera ya me la he hecho muchas veces en este mes, Cuando vuelvo a pasar por el control, me vuelven a parar. El policía que me había hecho el control no estaba. Le explico al policía que ya lo he hecho pero que su compañero ha ido a por el que se ha dado a la fuga, pero me dice que es su obligación hacérmelo. Una vez más, entre los nervios que llevo encima, que tiene un acento criollo incomprensible que estoy en cuesta con todos los colegas alrededor del coche mirando y yo con ganas de gritar "¡¡que no estoy borracha, sólo soy extranjera!!". Cuando di 0,0 creo que le di penica por la cara que me puso cuando me dijo que continuara. A las 3 de la mañana llegaba a casa... Y antes de meterme a la cama comunico en el grupo lo que me ha pasado, pero que ya estoy sana y salva en casa. Me meto a la cama con ganas de dormir durante una semana.
Pero el día no acaba ahí. Claro que no. Con el karma que gasto últimamente, tenía que pasar algo más para redondear el día. Como he dicho, hoy dormía sola. Eran las cinco y media de la mañana, yo dormida como un tronco pero algo me despierta. Escucho ruidos en la puerta de casa y en mi ventana. Abro los ojos. Hay algo de luz ya pero voy sin gafas. Veo en el reflejo del espejo de mi habitación una silueta de un tío negro muy alto mirando a través de mi ventana. Cagada de miedo me quedo quieta y la silueta se mueve hacia la puerta. Oigo que grita mi nombre pero estoy tan grogui que no reconozco la voz. Me levanto y pienso en coger la raqueta eléctrica pero no la veo. Mientras me muevo al salón buscándola con la mirada grito que quién es. Era Laurent. He tenido mínimo seis infartos en ese minuto y medio. Le abro la puerta  y él está sonriente y contento porque por fin le he oído. Le meto de un tirón para adentro y, mientras mi cara recupera el color rojo gamba que ha adquirido hoy, le empiezo a soltar una bronca en francés, inglés y con tacos en español porque soy incapaz de hablar bien en un idioma que él comprenda con los nervios y el sueño que gasto. Me explica que ha tenido una fiesta en la capital, que ha bebido mucho (no hace falta que me lo jure) y que no quiere ir así hasta su casa, en el sur de la isla, y que a ver si puede dormir aquí hasta que se encuentre mejor. Le señalo el sofá, le saco un cojín, le pido disculpas por mis nervios, le cuento la noche que he tenido y le pido que la próxima vez me llame antes al móvil, porque como me vuelva a hacer algo así no le queda isla de Martinica para correr. Y me vuelvo a mi habitación a dormir.
Si esta isla no es un máster en la escuela de la vida, que baje Dios a negármelo. Voy a volver bien curtida...



Viernes, 24 de octubre de 2014

Después del día de ayer decidimos tomárnoslo con calma en casa. Mañana más y mejor.
Por cierto, nos hemos comprado una raqueta eléctrica para matar mosquitos. Se carga enchufándola a la corriente y tiene un interruptor para cuando uno decide abrir la veda, y una linterna en el otro extremo. Me gusta el dibujo del rayo, le da un aire de tragedia y seriedad al asunto... Me da cosilla utilizarla, pero Hayley disfruta persiguiéndolos y cargándoselos, más de lo socialmente aceptable. Eso sí, tenemos la casa prácticamente limpia en ese aspecto. 
Ahora sí que empieza la guerra. 

Jueves, 23 de octubre de 2014: día de locos

Bueno bueno. El día de hoy da para mucho. Empiezo. 
Ayer me metí tan tarde a la cama que hoy me quedo dormida y se me pasa la hora. Íbamos a ir  Trinité, un pueblo de la costa atlántica bastante alejado de casa para hacer senderismo. Para ir hasta allí tenemos que coger un taxico hasta le Lamentin, ahí coger otro hasta le François y ahí Clara, una auxiliar española, nos lleva en coche hasta Trinité. Como vamos tarde, decidimos probar a hacer autostop a ver si hay suerte y nos lleva alguien antes de que llegue el próximo taxico porque está lloviendo a cántaros. Tenemos suerte y para un señor. Nos montamos. Al principio vamos un poco con reservas, el señor conduce descalzo, va algo desaliñado y le falta un diente, pero no por eso deja de sonreír. Es de la isla de Dominica, por lo que su lengua materna es el inglés. Tiene cinco hijos y 39 años aunque aparenta menos de 30. Aquí la gente no envejece.
Cuando estamos cerca del aeropuerto, va y se avería el coche. El señor parece muy tranquilo, pero nos toca empujar hasta la gasolinera más cercana. Recuerdo, diluviando. Una vez allí nos dice que no nos preocupemos, que se arregla rapidito. Una horaca y media ahí tiraos, el colega de palique con otro que se ha parado a echar gasolina y que parece que tampoco tiene prisa. Mientras tanto yo hablo con Clara, que me dice que hay tormentas por la costa atlántica y que no van a ir. Así que ni para adelante ni para atrás. Ahí estamos.
Cuando consigue que arranque el coche, nos pregunta que a dónde nos lleva. No tenemos ni idea, porque no tenemos planes pero está lloviendo muchísimo. Decidimos bajarnos en Fort-de-France, la capital, e investigar un poco. Nos deja en un barrio un poco feo (en varios sentidos) y salimos de ahí para ir al paseo marítimo, que durante el día es transitable pero por la noche no. La verdad es que la ciudad es peligrosa por las noches. 
Damos una vuelta por mercadillos, tiendas de telas y de ropa, entramos en la biblioteca Schoelcher... Esta biblioteca, junto con la ciudad de Schoelcher, deben su nombre a Victor Schoelcher; fue un diputado republicano francés en Martinica y Guadalupe, sentado a la izquierda del hemiciclo. Fue uno de los más fervientes antiesclavistas, defensor de los derechos de la mujer y contrario a la pena de muerte. Consiguió la abolición definitiva de la esclavitud en las colonias en 1848.  También encontramos muchos graffitis reivindicando el sufrimiento de los esclavos por aquellos años, citas de Aimé Césaire y versos de poemas. Aimé Césaire, también nombre del aeropuerto de Martinica, fue un poeta y político cuya obra siempre estuvo marcada por la defensa de las raíces africanas. Un día haré una entrada sobre él y su obra.
Mientras paseamos por la ciudad nos llama Rubén, uno de los españoles, para decirnos que han decidido ir a Grand Rivière, la ciudad que más al norte está de la isla. Vemos complicado el ir hasta allí, pero preguntamos por la calle y conseguimos que un taxico nos lleve sin hacer transbordo, pero eso sí, vamos a hacer tour por toda la costa atlántica de la isla. Así que nos liamos la manta a la cabeza y allá que vamos. 
El paisaje va cambiando según avanzamos hacia el norte de la isla. Es precioso. Todo verde, mucho más accidentado, muchas curvas, vemos el volcán... Y vemos el sol. Tengo vídeos grabados de las carreteras con los que pienso hacer una compilación para enseñaros. Esta zona está muy aislada y muy mal comunicada por las condiciones geográficas. 
Casi dos horas después, llegamos. Dos y media de la tarde y sin comer. Lo mejor de todo es que, al bajarnos, le preguntamos al conductor que a ver a qué hora sale el último taxico de allí hacia la capital. Nos responde que él es el último. Y nosotras... bueno... improvisaremos. Nos reunimos con los demás y buscamos un sitio para comer. El pueblito es precioso y el color del mar también. Como el cielo está claro, al fondo se ve la isla de Dominica, que es la siguiente al norte de las Antillas. Encontramos un restaurante de comida criolla que milagrosamente tiene la cocina abierta. Nos sentamos. Muchos se piden pollo al coco, pollo colombo, pescado zumos y helados de guayaba y de coco... Después de comer ya me siento más persona y vamos a la playa. Es increíble. Como ya os dije, las playas del norte tiene la arena negra por el volcán que está a pocos kilómetros, y contrasta con el cielo azul y la vegetación. Tiene aspecto salvaje, es decir, no hay ningún tipo de construcción. Sólo hay naturaleza y acantilados. La superficie de arena es muy estrecha y hay mucho oleaje. Todas hicimos un intento fallido de conservar el pelo sin mojar.
Unas horas después ya ha anochecido y tenemos que volver por las carreteras tan... especiales que tiene esta zona. Gracias a dios, dos chicos que pensaban que estaban aquí no habían podido venir al final, por lo que entrábamos en uno de los coches. Ya desde la capital hasta casa tendríamos que volver a buscarnos la vida. 
Por fin parecía que aquel día de locos iba a terminar, pero no. A la altura de Trinité, muy lejos del centro de la isla, mientras salíamos de una rotonda con el intermitente puesto, una descerebrada decide adelantarnos a toda velocidad desde el carril interior pero no calcula bien e invade nuestro carril y nos da un golpe en el morro, a lo que vemos salir volando el parachoques de una pieza. Damos un frenazo y miramos expectantes al coche que nos dado, que tiene toda la pinta de ir a salir corriendo. Pero no. Se hace a un lado, la tía se baja y recoger el parachoques mientras nosotros apartamos el coche y nos bajamos. Empezamos a discutir, estamos muy nerviosos. La tía está convencida de que ella ha hecho todo bien y que no era su problema, que había puesto el intermitente y todo y que al menos se había parado, que otros directamente se largan. Alucinamos pepinillos. Le rebatimos diciendo que eso es su obligación así que no es ningún argumento a su favor. Le instamos a rellenar los papeles, pero resulta que ni es su coche, ni lleva encima el DNI ni el carnet de conducir. Sólo le importa que está llegando tarde a su trabajo y se quiere ir. Le hacemos una foto a la matrícula del coche y yo me quedo con su número de teléfono después de comprobar que le suena si llamo, pero seguimos presionándola para intentar solucionar eso de alguna manera, porque el parachoques está totalmente caído de una pieza. Empezamos a llamar por teléfono a todos los que conocemos aquí, algunos hablan con sus caseros para ver si tenemos que seguir alguna indicación más, etc. Clara me coge el teléfono a la primera y nos viene a recoger a Hayley y a mí para llevarnos a casa y, respecto al otro coche, una se mete de conductora y los otros dos se meten apretujados detrás, tumbamos el sillón del copiloto y metemos el parachoques por encima hacia el maletero para que podamos cerrar la puerta. Lo conseguimos. A todo esto, la tía ya se ha largado bajo la promesa de que llamará para arreglar los papeles. Llegamos a casa a las diez de la noche. Ha sido un día muy largo... Pero estamos todos bien, y es lo que importa.

PD: Recordad que siempre voy añadiendo fotos nuevas al álbum de arriba a la izquierda. Besicos.



Miércoles, 22 de octubre de 2014

Hoy aprovechamos para dormir un poco más porque la playa a la que vamos a ir está cerquita. Es la primera que yo conocí aquí. Se llama Anse Mitan y está en Trois-Îlets. No hace mucho sol, así que se esta muy bien. De hecho, cuando nos estamos bañando se desata una tormenta. Nunca había visto el mar con lluvia y tormenta, y mucho menos, nunca me había bañado en el mar mientras llovía. Es una sensación bonita. La lluvia no molesta, y se ve toda la superficie del mar salpicada por gotitas de agua que generan miles de ondas muy pequeñas... Me encantó. 

 Después he organizado una cena en casa. Vienen auxiliares españoles, una belga, una francesa, una americana, Hayley y yo. Hacemos una ensalada en la que echamos un poco de todo, Hayley hace guacamole con aguacates del jardín, pizzas y tortilla de patata. Para beber nos agenciamos vino, Desperados Lime (con tequila, limón y cactus) y Desperados Red (con tequila, guaraná y cachaça). Escuchamos música, hablamos un poco de todo y acabamos jugando al juego este en el que hay que escribir en un papel el nombre de un personaje, real o de ficción), y se lo pegas al de al lado en la frente sin que lo pueda leer, entonces se van haciendo rondas de preguntas para intentar adivinar a quién tienes en la frente. Es muy divertido. Yo he escrito de al lado a Bart Simpson, a mí me toca Rihanna, la cantante de Barbados. Soy la última en terminar...
No nos quedamos hasta muy tarde porque mañana tenemos que madrugar mucho. Cuando ya se han ido todos y termino de recoger, me pongo un rato con el ordenador a intentar actualizar el blog que lo tengo abandonadito, total, que en mitad de la tarea, me aterriza de un salto una rana en el teclado. Ya os hacéis idea del susto que me he dado. A pesar de lo pequeña que es, salta mucho, así que lo de atraparla... Es otra historia. 




jueves, 23 de octubre de 2014

Martes, 21 de octubre de 2014

Hoy me levanto a las cinco y media para hacer cosas antes de quedar con los auxiliares. Me meto un desayuno de señor general, porque el día va a ser largo. 
Hoy vamos a ir al Jardin de Balata. Es una creación de Jean-Philippe Thoze. Abrió sus puertas en 1986 y su nombre proviene de un tipo de árbol muy común en Martinica años antes. La propiedad era de su padre y sólo contaba con una simple casa de campo. Posteriormente la revendieron a la abuela del propietario actual que en un principio la utilizó como una casa secundaria y después como domicilio principal durante su jubilación. Poco después desapareció y el lugar estuvo abandonado durante diez años. Por aquel entonces, Jean-Philippe Thoze se había convertido en horticultor y gerente de una empresa de jardinería y aprovechaba lugares abandonados para guardar las plantas que traía de sus viajes. Un día la familia decidió vender la propiedad, Jean-Philippe se interesó y fue a verla; se enamoró al instante y se la quedó. La convirtió en una sabana donde dejó que la naturaleza siguiera su curso y, progresivamente, se ha convertido en un jardín que alberga más de 3000 especies de plantas tropicales.
Nos lleva uno de los amigos de Hayley en coche y allí nos reunimos con más auxiliares españoles y estadounidenses. Empezamos a pasear. El sitio es maravillosos... Todo es verde excepto el cielo azul y las motitas de colores que conforman todas las flores que saltan a la vista. Nos vamos deteniendo a cada momento para sacar fotos. Los lagartos saltan de árbol en árbol pero las iguanas se mantienen escondidas. Sólo conseguimos ver la cola de una que huye a esconderse al oír nuestro paso. Los pájaros guardan silencio cuando nos acercamos, pero conseguimos encontrar un tesoro: un colibrí. Es muy pequeño, del tamaño de un abejorro grande y es difícil de fotografiar. Pero lo conseguimos. Os dejo la foto en el álbum (arriba a la izquierda).
Seguimos el paseo. Nos perdemos un par de veces porque se me ocurre la genial idea de ir a la cabeza y, con mi sentido de la orientación característico de las setas, pues pasa lo que pasa. Nos encontramos con palmeras, estanques y pequeños tejadillos de arquitectura criolla donde nos podemos sentar a disfrutar del paisaje. La mezcla de aromas, el silencio únicamente interrumpido por el crujido del bambú y el cantar de los pájaros... Qué pena que tengamos que romper toda esa magia creando una nube tóxica de spray antimosquitos. Somos el plato fuerte del día. Cuando estamos volviendo a la salida, nos encontramos con otro grupo de auxiliares que ha llegado tarde. Muy tarde. Como ya estamos dentro, volvemos a recorrer el jardín con ellos, les sacamos fotos y hacemos un poco el cabra.
Después decidimos comer en un restaurante que hay cerca. En teoría. Yo he visto el cartel cuando subíamos hacia aquí, pero ha desaparecido mágicamente. Nos recorremos kilómetros montaña arriba montaña abajo (en coche) buscando el sitio y no hay manera de volver a encontrarlo, así que acabamos yendo a la capital a comer al centro comercial. Después de comer nos venimos arriba y hacemos planes para el resto de la semana. Todos los días algo. Hay que aprovechar que ahora tenemos tiempo libre. Y también aprovechando que estoy en la civilización, corro a hacerme un número de móvil gracias a Rubén, que tenía una tarjeta SIM de sobra y me la ha dado para que pueda utilizarla. También aprovecho para comprarme un pañuelo para la cabeza porque me quemo el cuero cabelludo todos los santos días... Ya me he aprendido tres maneras diferentes de ponérmelo.
El plan de hoy continúa. Lo siguiente es ir a una soirée española que han organizado en un bar de la capital. Yo estoy que me duermo por las esquinas pero allí que vamos, sin pasar por casa y sin ducha.
Allí nos encontramos con Tomás y su mujer, María, que se apuntan a un bombardeo. El camarero me suena mucho pero no sé de qué. Al final caigo: es el chico colombiano que conocí en la fiesta de bienvenida de Aube. Se acuerda de mí. Intercambiamos números (¡por fin puedo hacerlo!) y nos sirve sangría a precio de sangre de unicornio. Es eso o pedir Desperados, que está a precio de tinta de impresora.
Entre todos nos montamos una competición a los dardos. Soy malísima. Pero... otro nivel. Haciendo caso a unos y a otros consigo que al menos se claven en la diana, y poco a poco, que al menos se acerquen a donde intento apuntar con toda mi alegría. Mientras tanto conocemos a gente que se ha animado a la fiesta y conocemos a un grupo de franceses que han venido aquí a hacer una pasantía. Son policías y se van en tres días. Uno de ellos tiene familia en Granada y habla muy bien el español.  Intentamos sonsacarle historias sórdidas de Martinica, y hay mucho que no nos quiere contar... Hay cosas malas en todas partes, esto no es el paraíso.
Muchos ya no podemos con nuestro cuerpo y nos vamos a casa. A las 2 am me meto a la cama. 22 horas despierta y sin parar quieta. No sé si es por eso, porque hemos bebido bastante o por el calor, pero me quedo frita durante diez horas seguidas, cosa que no había conseguido hacer hasta ahora. Ni los mosquitos pueden contra eso.
La conclusión que hemos sacado hoy (al menos yo) es que no sólo tenemos suerte por estar aquí, sino que estamos muy bien rodeados. C'est parti, les amis!

miércoles, 22 de octubre de 2014

Lunes, 20 de octubre de 2014

Estos días en los que no tenemos nada para hacer son muy aburridos, no tengo mucho para contar. A partir de mañana empezamos a hacer planes y más planes con otros auxiliares para empezar a conocer la isla. 
Hoy dedicamos el día a limpiar, poner lavadoras, hacer compra semanal, etc. Ya he conseguido el aceite de coco (pero no un paraguas, welcome to Martinica) así que mientras hago cosas en casa me lo pongo en el pelo y me planto un moño cocotero, que digo yo. Hayley me hace para comer una hamburguesa como las que hacen en su tierra, con muchas cosas y salsas. La verdad es que está muy buena.
Los mosquitos siguen manifestandose y siguen colandose en la mosquitera. No sé cómo lo hacen. Estoy por poner cámaras infrarrojas o algo, qué impotencia. Hemos llegado al extremo de tener arañas en cada una de las habitaciones por lo de que "se comen los mosquitos". Normalmente, para mí ese no es un argumento válido para tener un ser vivo de ocho patas cerca. Ocho patas. Es que eso no puede ser natural... Y encima las de aquí pican. Comprobado. Aunque sé que yo a ellas les caigo peor que ellas a mí, las dejamos vivir siempre y cuando no se muevan mucho de su sector. 
Hemos intentado ver el lado divertido al tema de los mosquitos. Al final del día, la que tenga menos picaduras se libra de recoger. Hoy he ganado yo.
Y para que reflexionemos un poco, os dejo este proverbio africano que me mandó una amiga hace poco para hacer la gracia. Besicos. 


domingo, 19 de octubre de 2014

Domingo, 19 de octubre de 2014

Domingo casero. Lluvia, lluvia, lluvia y más lluvia. He grabado un vídeo para que vierais cómo son aquí los chaparrones tropicales; parece como si media población de la tierra se subiese al cielo con mangueras. No me deja subirlo porque ocupa mucho espacio, aunque no dura más de veinte segundos... Veré qué puedo hacer.
Me he pasado el día rompiéndome la cabeza con el tema del coche (aún...), mirando precios de vuelos para mi familia y rebotándome con la vida. Odio tener tiempo y no tener dinero para hacer algunas cosas. La vida aquí es muy cara eso te dificulta las cosas si eres primerizo... Y va a ser complicado ver a mi familia sin que tengamos que pensar en tráfico de órganos y cosas de esas para poder comprar los billetes de avión. Y el estar aquí ocho mesazos sin ver caras y sin dar abrazos me puede.

Y hasta aquí mi indignación de los domingos. ¡Que no sea muy duro el lunes!


Sábado, 18 de octubre de 2014

El descanso de ayer me vino muy bien y hoy estoy mejor. Nada más despertarme tengo un mensaje de Vicent y Cristina, una pareja de españoles ambos también auxiliares que viven Trois-Îlets proponiéndome pasar el día en Sainte Anne, una pequeña ciudad del sur de la isla donde dicen que están las playas más bonitas. Acepto encantada.
El sol pega tanto que pica en la piel y la arena quema. La playa es más salvaje, no está acondicionada ni explotada para lo turístico. Nos resguardamos del sol debajo de los árboles y nos metemos al agua que está templada tirando a caliente. Es transparente y se ve el fondo aunque no hagamos pie. Durante dos horas nos dedicamos a estar en el agua hablando de experiencias pasadas (viajes, clases, universidad, Erasmus...) como si estuviésemos sentados en la playa, pero en realidad estamos manteniéndonos en la superficie comiéndonos olas y algas a cada minuto. Es gracioso.
Cuando todos nos morimos de hambre damos una vuelta por los chiringuitos de los alrededores. No decantamos por un sitio que tiene ensaladas, pizzas, sándwiches y pescados. Yo elijo una pizza de marisco con almejas, mejillones, calamar, etc. Está muy buena. Volvimos a pedir Lorraine y hablamos sin parar durante la sobremesa. 
Se ha nublado así que decidimos pasear sin miedo a acabar chamuscados para sacar fotos de la playa. Recorremos la playa hasta el final donde vemos hamacas y un ambiente más de hotel. No hay vigilancia ni cartel alguno que prohíba pasar así que tiramos para adelante. Nadie nos detiene; nuestra cara de guiris debe de ayudar bastante.
Hay una pasarela enorme que hace una curva justo antes de llegar a una casetita en la que se guardan las cosas para hacer esquí acuático. A lo largo de la pasarela vamos mirando a ambos lados y se ve el fondo del mar. Coral, erizos de mar, peces, cangrejos... Es precioso. Es una lástima que esté oscureciendo y no se aprecie el color turquesa del agua. 
Cuando ya se ha ido el sol decidimos volver al coche. Sobre la marcha llamamos a Úrsula y le proponemos ir a un "bar" en Ducos, donde vivimos, a tomar algo. Escribo "bar" porque es algo parecido al restaurante de ayer aunque más moderno. También hay música y una televisión donde están echando videoclips y bailes típicos de aquí. En esa especie de mesa redonda tocamos todos los temas. Úrsula les cuenta a Vicent y a Cristina cómo llegó aquí, sus proyectos de futuro, hablamos del ébola, de la situación de España en general y seguimos anotando mentalmente cualquier dato interesante sobre la isla. Por mi parte, hablo con el novio de Úrsula para intentar averiguar dónde puede encontrar una bendita herboristería. Quiero conseguir aceite de coco y algún remedio contra los mosquitos.
En el álbum os dejo las fotos que he sacado yo, pronto pondré las que sacaron los demás.

PD: A todos los que me deseáis las siete plagas de la Biblia por dar envidia yendo a la playa, que sepáis que el karma me la ha devuelto. Me quemé como una gamba. Yo también os quiero :)

Viernes, 17 de octubre de 2014

Últimamente tardo en actualizar el blog porque ando que me duermo por las esquinas. El calor se cuela por las rendijas de las ventanas y hace que tenga esa sensación de astenia primaveral las veinticuatro horas del día. Más de uno anda con jaquecas (yo incluida) por el calor y el sol. 
He pasado el día en casa y por la noche he salido a cenar con Úrsula, su novio, Elena, Rafa, Aube y amigos suyos de los tours turísticos que hacen por la isla. Nos llevan a cenar a un restaurante del sur de la isla, en Sainte Luce. El sitio es bastante pintoresco. Borrad de vuestra imaginación cualquier imagen mental que os venga ahora a la cabeza, porque no acertaréis ni de lejos. El sitio consiste en unas mesas d playa puestas debajo de un toldo. Ya está. Aunque el aspecto del sitio no hace que uno pare el coche, es conocido porque preparan buenos platos de pescado.
Elena y yo nos pedimos cada una una cosa con intención de compartir. El plato de la primera foto es lambis. Es un molusco de buen sabor y de textura algo gomosa. Nos recuerda a la sepia. Viene acompañado con arroz o patatas fritas a elegir, mayonesa casera y muchas, muchas especias. 
El segundo plato es otro pescado cuyo nombre no recuerdo ahora. La textura es parecida al atún, y el sabor es muy rico. Al principio pensábamos que se habían equivocado y nos habían puesto carne en lugar de pescado. Las raciones son enormes (el precio también era algo alto) y no conseguimos acabar todo. Para beber nos pedimos cerveza local. La más conocida es Lorraine, rubia y nada del otro mundo.  Durante la cena estuvimos hablando con los compañeros guías turísticos de Úrsula y compañia. Muchos ya han pasado la chikungunya y han visto muchos rincones de isla, rincones que apunto mentalmente para un futuro no muy lejano, espero. 

jueves, 16 de octubre de 2014

Jueves, 16 de octubre de 2014

El calor que hace estos días me impide descansar bien por las noches, por lo que en clase estoy un poco zombie. Hoy en menos de dos horas me ha dado tiempo a perderme tres veces por el colegio y como allí todo el mundo me mira, mantenía una expresión de indiferencia como si supiese perfectamente dónde estaba y a dónde iba, cuando en realidad quería ir a la sala de profesores y acababa en el gimnasio.
He tenido dos clases con Patricia y otras dos con Nadine, ambas colegas de Jean-Paul, todas ellas con alumnos nuevos. Todos eran muy dinámicos, agradables y habladores. En una de las clases son todos chicos y eso me impone muchísimo. Además, la mayoría me sacan dos cabezas y tienen los brazos del tamaño de mis piernas. El más bajito de todos me invita a cenar con él esa noche "teniendo a Patricia, la profesora, como testigo" y yo sólo quiero cavar un túnel y esconder la cabeza cual avestruz. Todos me preguntan por mi familia, que si tengo novio (y acto seguido por mi número de teléfono), por la opinión que se tiene en España de Martinica... Y algunos me preguntan sobre política española. Al parecer, los escándalos han llegado hasta oídos martiniqueños. Sólo les puedo decir que siento vergüenza, asco y mucho enfado en ese aspecto. Por lo demás, disfruto mucho hablando con ellos e intercambiando opiniones.
He comido en el comedor del colegio también y he podido probar otro plato típico. Es un estofado de carne de cerdo con patata normal, patata dulce y plátano con una salsa picante y especias. La combinación es curiosa pero está todo muy bueno.
No tengo mucho más nuevo para contar. Sigo hablando con gente por Skype para ponerme al día pero no me da tiempo a hacerlo con todo el mundo. Tengo que agradeceros a todos los que todos los días me mandáis un mensaje o o que sea preguntándome qué tal estoy. Si yo no lo hago, es porque aún no tengo horarios normales aquí. En cuanto tenga una rutina establecida podré mantener un contacto más normal con todos. 
Un beso enorme. ¡MAÑANA VIERNES!

miércoles, 15 de octubre de 2014

Miércoles, 15 de octubre de 2014

Hoy no ha ocurrido nada de especial. Ayer pasé todo el día a 37ºC con unos leggins de invierno tipo pantalón para protegerme de los mosquitos y los malditos me picaron a través de la tela... Eso es supervivencia y lo demás tonterías señores.
Por la tarde he hablado con amigos que andan repartidos por Europa construyendo nuevas vidas. Están felices y me alegro muchísimo. Me acuerdo de vosotros todos los días.
Seguimos pensando en la posibilidad de comprar un coche pero cuando nos ponemos a investigar se nos quitan las ganas... Veremos cómo acaba todo. Ahora hay que pensar en algún plan para las vacaciones si el tiempo no las estropea. Parece que Gonzalo no tiene ganas de volver a pasearse por aquí.
Y hablando de paseos, voilà un nuevo amigo que ha decidido visitarnos. ¿Recordáis que os dije que por la noche se oyen millones de ranitas croar en la oscuridad? Pues una ha venido a darme un concierto privado en casa.
Y hablando de música, os dejo una canción que Diego, uno de los auxiliares de español, ha compuesto sobre su vida aquí en la isla. Él vive en Trinité, en la costa atlántica en una casa con una terraza muy chula. De hecho, tengo la teoría de que vive en esa terraza... Jejeje. Éste es su blog particular. ¡Disfruten!

martes, 14 de octubre de 2014

Martes, 14 de octubre de 2014: primer día de collège

Como ya dije ayer, hoy he podido hacer vida normal sin problemas. He ido por primera vez al collège, el otro establecimiento donde voy a dar clase. Los alumnos de collège tienen entre 11 y 15 años. 
Ir hasta allí es toda una aventura. Se encuentra en la localidad de Saint Esprit, que está a cuatro kilómetros de Ducos, donde yo vivo. También he comentado alguna vez que aunque aquí las distancias sean pequeñas es un coñazo moverse. Bien, pues para ir hasta allí, tengo que andar veinte minutos en cuesta arriba hasta el centro del pueblo (subiré fotos de las cuestas, que oigo los "exageraaada" desde aquí) con un solazo de justicia. También hay que decir que después de tormentas y tifones como el de ayer suben muchísimo las temperaturas. Hoy hemos llegado a alcanzar los 37ºC, con un 70% de humedad. He llegado hasta la parada de taxico sudando como un pollito y con toda la ropa mojada. Recordemos también que para ir a trabajar tengo que ir con pantalón largo y camisetas de media manga... Y mi pelo. Mi larguísimo pelo que cualquier día me voy a rapar al cero. Una vez allí compro un billetito y pregunto cuándo pasa el siguiente a St Esprit (no hay horario fijo, si al conductor no le apetece pasar pues no se pasa) y el señor me responde que en menos de una hora debería pasar alguno. Así que me siento debajo del ventilador a esperar. Tres cuartos de hora más tarde pasa uno por fin. Nota mental: llevar siempre un libro en el bolso.
Una vez allí la gente se va bajando según avanzan las paradas hasta quedarme yo sola con monsieur conductor. Le pregunto a ver qué parada me viene mejor para ir al collège porque nada de lo que veo me suena, es la primera vez que estoy en el centro de este pueblo. El hombre, muy amable, me deja justo al pie de la cuesta que lleva al collège. Todo lo que es importante en esta isla tiene su sede en la cima de una cuesta...
El collège es curioso. Son barracones de una sola planta y los designan con letras. Todos los niños van con uniforme (vaqueros y camiseta de un color específico) y me miran como si fuese bailando por ahí con un tutú. Cuando ya me he reencontrado con mi tutora, me explica cómo funciona esto. Los niños se resguardan del sol debajo de unos tejadillos que tienen secciones divididas por marcas pintadas en el suelo. La profesora en cuestión tiene que ir hasta esa sección y llevarse a los alumnos en fila hasta la clase. A partir de ahí ellos se cambian de clase por su cuenta a lo largo del día.
Hoy voy a tener tres clases en las que me limito a observar; mañana empezaré con mi labor de verdad.La primera es con Amélie, la segunda con una profesora mejicana que se llama Patricia y luego vuelvo con Amélie. La primera clase tiene un nivel bastante decente para tener 12 años, me quedo muy impresionada. Todos me parecen guapísimos, con unas pestañas muy largas y con el pelo trenzado... Siempre que intervienen para hablar con la profesora lo hacen en español. Cada vez que entra un profesor en clase se levantan y no se sientan hasta que se lo ordenan. Me tratan de usted y de señora y les digo que pueden tratarme de tú; a muchos les choca, así que prefieren llamarme señorita. Y yo no dejo de oír en mi cabeza "Rottenmeier, Rottenmeier..." Me hacen muchas preguntas sobre mi vida aquí, en España, mi familia, mis gustos... Alucinan con el tema de que tengamos dos apellidos y por la forma de heredarlos. Tienen mucha curiosidad por aprender palabras y expresiones nuevas para hablar conmigo. Cuando respondo que mi color preferido es el blanco, esta vez no hay cara de "menudo bicho raro": es el color del uniforme del colegio. ¡Es el destino, amiguis!
Los alumnos de la segunda clase tienen que hacer una exposición sobre un cuadro de Frida Kahlo que se llama "El autobús" así que no tengo opción de participar y me limito a observar cómo lo hacen. Finalmente, la tercera clase es la que más me llama la atención. Aparte de que todos me parecen MUY bajitos (nosotros no éramos así con 12 años ¿verdad?) llevan sólo un mes aprendiendo español y ya son capaces de hacer frases completas sin errores. Me quedo pasmada. Pero la sorpresa no acaba ahí.
Cuando estoy respondiendo a sus preguntas sobre mí, veo emoción en sus caras cuando digo que soy de Pamplona. Hasta ahora sólo un alumno sabía dónde estaba porque conocía el equipo de Osasuna, pero esta vez no es por el fútbol. En ese momento Amélie les pide que me cuenten lo que saben de Pamplona. Empiezan a levantar la mano y me explican qué es San Fermín, cómo hay que vestirse, las costumbres, las fechas... Yo flipando pepinillos. Al parecer, cuando supieron de dónde venía, estuvieron investigando sobre la ciudad y les pareció interesante. Uno de ellos dice que también conocen la canción. Yo, que estaba más perdida que el barco del arroz le pregunto que de qué canción me habla. Y entre todos empiezan a cantar "1 d enero, 2 de febrero, 3 de marzo...". Se saben la canción entera en español con un acento francés adorable.  A mí se me cae la baba. Entonces Amélie me explica que fue la mejor manera para que aprendieran los números y los meses del año. Aún conservan la letra en la pizarra, que la tenían tapada con una tela. Aquí os dejo la foto. 
Después de esta sorpresa tan bonita seguimos hablando de España y les cuento que estudié en Madrid. Todos se emocionan porque "he vivido con Cristiano Ronaldo". Es una pena que no pueda tener a esta clase, consideran que son demasiado nuevos como para tratar conmigo. Mañana conoceré a más alumnos.
Por la tarde se había suavizado el tiempo y salimos a comprar provisiones por si acaso en un futuro nos toca pasar varios días en casa, nunca se sabe. Al volver, la casera nos estaba esperando con mi primera carta del banco (ovación) y una perolita de potaje criollo de pavo con especias que le había sobrado así que nos lo comimos para cenar. A pesar de la rara sensación de comer potaje a casi 40ªC, estaba buenísimo.

Lunes, 13 de octubre de 2014

Tal y como os conté ayer, hoy esperábamos la llegada de Gonzalo, una tormenta tropical que se había formado al este de las Antillas. Afortunadamente para nosotros, se ha desviado hacia el noroeste y sólo ha dejado lluvia. Mucha lluvia. Tanta que tuvimos que cortar la electricidad por si acaso las inundaciones nos llegaban a afectar. Mi casa es la parte de abajo de lo que aquí llaman villa, por lo que teníamos bastantes probabilidades, pero no llegó a entrar el agua dentro de casa y sólo tuvimos desperfectos por fuera. Hay objetos en el jardín que trajo la corriente que no son nuestros, como por ejemplo, una chancleta. Es una estampa muy graciosa la que tenemos ahora. Lamentablemente no pude sacar fotos porque la cámara no tenía batería ni electricidad para cargarla...
Aquí podéis ver el informativo de las Antillas francesas. También podéis ver la fuerza que ha ganado la tormenta hasta convertirse en huracán en la isla de Antigua y Barbuda. En estos momentos el huracán también se ha desviado de su trayectoria y no va a pasar por Puerto Rico tal y como se había previsto. Confiemos en que no vuelva hacia el sur...
Debido a estos incidentes todos hemos estado pendientes del centro de huracanes de Miami y hemos seguido en Twitter y Facebook las páginas de meteorología de las Antillas donde cada hora iban dando novedades. Al parecer hubo un seísmo de 7.4 a 64 kilómetros al sur de la costa de Intipuca, en El Salvador, por lo que se ha emitido alerta de tsunami en Nicaragua, Honduras y El Salvador. 
Como consecuencia de Gonzalo se ha detectado también una zona muy amplia de baja presión a unos 1200 kilómetros al este de las Antillas menores que está produciendo lluvias y tormentas eléctricas. Se espera que el desarrollo de este fenómeno sea lento; la probabilidad de que se forme un ciclón en las próximas 48 horas es de un 10%, pero las probabilidades aumentan días más tarde.
Por ahora no hay más noticias. Por aquí está todo normal.

domingo, 12 de octubre de 2014

Domingo 12 de octubre: comida con la comunidad de españoles

Ayer llegué a las tres y media de la mañana a casa y a las cinco y media ya no podía pegar ojo. Tengo la mañana sensiblona, hablo con mucha gente y recibo notas de voz de mis queridas primas madrileñas. Oírles la voz me alegra mucho pero también me provoca mucha morriña... Millones de besos Beorladies.
Va a ser una jornada larga, porque hoy tenemos la comida con la comunidad de españoles, es decir, con Tomás y sus amigos. Como sigue lloviendo acabamos pasando la comida de la playa a su propia casa. Creo recordar el camino, pero Clara y yo nos perdemos mil veces (por mi culpa, claro, ella aún no conoce su casa). Han comprado para comer el típico pollo asado con especias que venden en los puesto de aquí los fines de semana a la gente que va a pasar el día a la playa. Es muy bueno. Ya me enteraré qué lleva exactamente.
Conocemos a un montón de gente nueva: ex auxiliares, fisioterapeutas, psicólogos.. Todos hispanófonos que han llegado aquí hace relativamente poco, pero nosotras hemos sido las últimas por ahora. 
Hablamos un poco de todo. Seguimos teniendo problema con los mosquitos y Tomás nos recomienda probar a tomar vitamina B1. Cambia nuestro olor corporal y no los atraemos tanto. 
En Martinica hay que tener cuidado con los mosquitos por el dengue y un virus que llegó al Caribe en 2013: la chikungunya. Está ya muy extendido, prácticamente todo el mundo que conozco aquí lo ha pasado excepto los que hemos llegado nuevos a la isla. Su nombre viene de una voz del idioma Kimakonde de Tanzania que significa "doblarse", haciendo alusión al aspecto encorvado de los pacientes por los dolores articulares. Lo transmite el aedes, que es el mismo tipo de mosquito que transmite el dengue. Generalmente pica de día, y por eso siempre voy siempre cubierta de ropa y en la playa me paso el día en el agua. Hemos hablado con gente que lo ha pasado y todos coinciden en que es muy angustioso. Los síntomas son fiebre, náuseas, dolores en las articulaciones y erupciones cutáneas. Por esto último es por lo que se distingue. Empiezan a aparecer manchas rojas y moradas en las extremidades y luego aparecen fiebres muy altas. Entonces, es cuando tienes que ir a la farmacia a por paracetamol, en ningún caso hay que tomar aspirina. No hay cura ni vacuna preventiva para este virus. Hay que limitarse a aliviar los síntomas. Todas las personas con las que he hablado han coincidido en el sentimiento de angustia e impotencia que se experimenta durante la convalecencia. A pesar de las fiebres altas, durante el día se está consciente pero no es posible moverse. Se está tumbado en la cama y se duerme viente horas de las veinticuatro. Para hacer cualquier movimiento se necesita ayuda. No se puede ni siquiera coger el móvil para mirar la hora porque no puedes con el peso de tu propio brazo y es necesario que alguien te de de comer. Confiemos en que si esto llega algún día, que dure una semana y no quince días o un mes como otros casos. Casi todos mis alumnos la han pasado.
Por otro lado, aprovecho para hablar de una tormenta que se está formando en el Caribe. Se llama Gonzalo. No tiene mucho riesgo y no se ha previsto que vaya a afectar especialmente a Martinica, pero aun así va a haber fuertes lluvias y riesgo de huracanes esta semana. En la foto podéis verlo. Martinica está situada entre Guadaupe y Santa Lucía. En ese caso, quizá falle la electricidad y estemos incomunicados unos días. Aviso únicamente por si acaso. No es nada alarmante ni grave, es habitual y las casas están preparadas, Podéis encontrar el aviso oficial del tifón aquí. Bonne nuit.

Sábado, 11 de octubre de 2014: fiesta de Rubén


El plan de hoy es celebrar el cumpleaños de Rubén que fue el jueves. La idea es ir a pasar el día a la playa a Trois-Îlets, donde nos pilla mejor a todos, y después unirlo a la soirée en la playa Anse Madame en Schoelcher. Tiene que ser algo extraño celebrar tu cumpleaños tan lejos de tu casa y de tus seres queridos con gente a la que no habías nunca antes habías visto, cuando no llevamos ni dos semanas aquí.
Laurent, Hayley y yo nos levantamos pronto para prepararnos, ir a comprar e ir a la playa. Sin embargo, una vez ya en camino, comienza a diluviar de una manera alarmante. En menos de diez minutos la carretera está inundada y tenemos que detener el coche a un lado. Cuando escampa un poco, seguimos hasta el párking gratuito del puerto, pero es imposible salir del coche. La lluvia no deja ver el suelo, millones de gotas enormes golpean con fuerza el techo del coche como si fuese granizo, arranca las hojas de los árboles y podría hacer que cayesen cocos sobre nosotros, algo muy muy peligroso. En Martinica mueren más personas por caídas de cocos por otra cosa, es un hecho.
Una hora después conseguimos llegar al lugar de la cita. Habíamos quedado en la parada de la navette que une Fort-de-France y Trois-Îlets. De ahí vamos a unas calas con aspecto más salvaje que la playa en la que ya habíamos estado. Son tres en total, pero lamentablemente las tres están llenas de las sargasses. La arena está completamente mojada por la tormenta pero es agradable el tacto fresco frente al calor que sigue haciendo. Mientras se quedan los demás en la orilla charlando, me voy nadando mar adentro. En el Caribe esto se puede hacer porque no hay olas a no ser que pasen barcos, pero en la costa Atlántica es muy peligroso. En el fondo veo erizos de mar con unas púas larguísimas, conchas y caracolas plantas que no sé identificar, etc. También veo cosas moverse que tampoco identifico, así que decido volver a donde hago pie al menos, no vaya a ser...
Comemos en la orilla con Desperados Fuego Spicy, una de las variantes que tienen aquí de la Desperados de toda la vida. El agua está tan buena que una vez más nos quedamos hasta el anochecer en la playa. No importa el tiempo que haga ni en qué playa estemos, los colores son deslumbrantes. Qué pena que en foto pierda...
Antes de ir a Anse Madame pasamos por casa de Rubén, Ángela y Andrea donde se nos unen Javier y sus amigos. Después en la playa nos unimos a Rafa, Aube, Elena, Adán y un amigo de Rafa. Acabamos practicando lo poco que sabemos de bachata, y ya vamos mejorando. ¡Si nos ponemos todas las semanas, acabaremos con un nivel aceptable!


Viernes, 10 de octubre de 2014: Burocracia francesa + ritmo caribeño = María se sube por las paredes.

Lo de estos días no fue nada comparado con lo de hoy, amiguis.
Como os dije ayer, hoy tenía que entregar todos los papeles que había reunido. Por un lado, los papeles para el avance de sueldo, que son varias copias del DNI, justificantes bancarios (recordemos todos los papeles necesarios para esos papelitos de ná...) y dos procès-verbal que certifican las horas que voy a trabajar, uno por cada establecimiento. Me falta el de St Esprit, que como está lejos, en teoría iban a enviármelo por fax. Por otro lado, los papeles necesarios para darme de alta en el régimen MGEN (Seguridad Social), para lo que necesito otro justificante bancario, otra copia del DNI, una copia del nombramiento oficial como auxiliar de conversación y un certificado de nacimiento plurilingüe expedido por mi Registro Civil. Ni qué decir que todo esto me ha llevado casi un mes reunirlo. 
Tengo todo todo reunido menos el procès-verbal de St Esprit. Llego y no me lo habían mandado. Bueno, calma, por eso había ido con tiempo al liceo, ¿no? No eran más que las nueve y media de la mañana, ya había tenido tiempo a tener dos clases y todo. Le vuelvo a explicar a la secretaria mi problema y me dice que no me preocupe, que ella se encarga de llamar. La mujer habla francés nivel pársel, a una velocidad que me cuesta mucho mucho comprender y con mezcla de términos criollos y acento martiniqueño. Sin embargo, consigo adivinar durante la conversación telefónica que mantiene con la secretaria de St Esprit que algo no va bien. Parece que no les da la gana enviármelo. Tras colgar, la secretaria me explica que no quieren enviármelo porque aún no me han visto la cara. Es gracioso, puesto que no he ido porque no he podido, pero en las jornadas de orientación e integración tuve el placer de conocer a mi tutora de allí, a una de sus mejores amigas y a su hermana. Pero me requieren que vaya a St Esprit (12 kilómetros) a firmar el procès-verbal en persona para luego volver aquí a entregarlo y, una vez hecho eso, ir hasta Fort-de-France, la capital (a 20 kilómetros) a entregar lo de la Seguridad Social porque según ellos no lo pueden tramitar en el liceo, conseguir allí un número y entonces volver otra vez a entregar los papeles del avance de salario. Y todo, por supuesto, antes de las doce y media del mediodía y yo sin coche, obviamente. Estoy por responder que es que justo ese día me había dejado la alfombra voladora en casa...
Total, que me da el ataque de pánico padre porque es imposible hacer todo esto. Al parecer, el auxiliar del inglés tiene que hacer lo mismo que yo, porque él también se ha encontrado con esta sorpresa. No es lo que nos habían dicho en el rectorado en un principio. Pensamos entonces en que el tutor de Nicholas, el auxiliar de inglés, nos lleve a FdF a hacer lo del MGEN y luego volvamos. Ya me arreglaré yo con Saint-Esprit. 
Nos montamos en el coche y veo con sorpresa que el hombre, con toda su tranquilidad, nos deja en la parada de taxicos de Riviére Salée y se larga. En plan, no es mi problema. Con la mala leche saliéndome por los poros, nos resguardamos de la lluvia en en tejado de madera de la parada de taxicos hasta que por fin llega uno que nos deja donde tenemos que ir pero, como es tan tarde, la MGEN está cerrada y abren después de comer. Decidimos comer algo en el centro comercial la Galleria, el más grande de la isla, y dar una vuelta a ver qué vemos. Mientras tanto, me llama Jean-Paul para ver qué ha pasado. Le cuento todo y él se cabrea incluso más que yo. Me dice que en veinte minutos viene a por nosotros para ir a la MGEN juntos.
Una vez alli ¡qué sorpresa! nos dicen que allí no tenemos nada que hacer. Son los liceos los que se encargan. A mí el instinto asesino me salía ya por las orejas. Me había venido hasta la capital en taxico perdiendo una mañana entera para nada, porque ya eran las dos de la tarde. Jean-Paul le echa un par y llama por teléfono a la rectora de la académie para pedirle explicaciones y contarle lo que nos está pasando. Después de una conversación larga, con muchas subidas y bajadas de tono, cuelga y nos dice que vamos a St Esprit a por mi documento y después de vuelta al liceo a entregar todo, que la rectora va a llamar a la secretaría para hablar con ellos. Nos vamos de ahí soltando tacos en español como si no hubiera un mañana. Nos encanta.
A las cinco y media de la tarde llego por fin a casa, después de recorrerme todo el sur de la isla en menos de un día gracias a la generosa ayuda de Jean-Paul, que ni siquiera había comido. Solos no habríamos podido y siempre le estaremos muy agradecidos. Si es que es un crack....
Laurent viene a pasar el finde con nosotras así que decido hacer una tortilla de patata para que la pruebe. La semana que viene quiero hacer otra para subir a los caseros. Y así terminamos semejante día de locos...

Jueves, 9 de octubre de 2014: victoria número uno

Hoy jueves las clases han ido como en los días anteriores, sigo de observación sin que ocurra nada especial. Después de las clases me toca la lucha por excelencia que tenemos los auxiliares aquí: abrir una cuenta en el banco.
El tema de la administración francesa es un tópico, un chiste malo de la vida cotidiana francesa muy recurrente a la hora de hacer clichés franceses. Y lo he experimentado en mis propias carnes. Para abrir una cuenta es necesario pedir una cita. Para pedir una cita tienes que presentar justificante de trabajo o estudios en Francia, justificante de vivienda, si eres alquilado (mi caso), justificante de vivienda de tu casero, su DNI, una factura a su nombre, un documento en el que certifica que verdaderamente estoy viviendo en una casa de su propiedad y mi DNI. Casi nada, ¿eh? Es que eso de reunir las siete bolas de dragón es para aficionados. Hay que decir que los documentos necesarios dependen de cada banco. Yo me he decantado por el que tiene menos gastos de manutención de cuenta y esas cosas, por lo que te ponen más pegas. Pero a por ello.
Total, que ya tengo todos los papeles, conseguí pedir cita y me la dieron para el día 17 de octubre. Yo necesitaba tener número de cuenta antes del 10 de octubre para poder cobrar el sueldo de este mes, si no, nos pagaban a principios de diciembre octubre y noviembre. Y mientras tanto viviríamos con palicos haciendo fuego, con faldas de palmeras y sujetadores de cocos. Total, que lo lloré un poco a la madame, por llamarla de alguna manera, porque un requisito imprescindible para ser funcionario en Francia es ser borde y despiadado por naturaleza; conseguí que me diesen cita para el día 9, y así ese día podría pedir los justificantes bancarios necesarios para poder adjuntar a los otros documentos necesarios para lo del sueldo y el alta en la Seguridad Social. Para esto último, con que hicieses el pinopuente encima de unas brasas cantando la Macarena les bastaba. Sé que me estoy pasando de mala gaita, pero verdaderamente hemos sufrido mucho por este tema, y sólo por ser extranjeros, estamos seguros. Me quedo muy disgustada. 
Llego por fin a la cita y el chico que me atiende es un encanto. Dura hora y media en teoría, y firmo millones de papeles para muchas cosas, pero al final la tenemos que alargar un poco más porque quiero que me explique algunos términos de los contratos que no entiendo muy bien y quiero estar segura. Después de hacer todo, de repente empieza a tutearme, me devuelve mi copia de los contratos firmados por el banco, y encima del montón de papeles, un post it con su número de teléfono personal. Yo no sabía dónde meterme. Me dijo que, dado que seguramente aún no conociese a mucha gente en Martinica, me daba mi número por si necesitaba cualquier cosa. Murmuré un "gracias señor" y salí haciendo la croqueta. No ha habido ni un solo día en el que no me haya pasado algo raro. Es increíble... 
Seguro que el buen karma que he gastado hoy se debe a que es el cumpleaños de nuestro murciano Rubén. ¡Felicidades amigo! El sábado lo celebramos por todo lo alto.

sábado, 11 de octubre de 2014

Miércoles, 8 de octubre de 2014

Hoy he tenido clase con alumnos de otra profesora de español del lycée que se llama Patricia. Me lo he pasado como una enana. Eran muy divertidos, abiertos y valientes a la hora de hablar en español. Después he tenido cuatro clases más con Jean-Paul, en las que daba el mismo temario a cuatro grupos de alumnos diferentes. Después hablábamos de lo diferentes que son y de los resultados que hemos obtenido. La última clase tiene alumnos muy buenos entre otros que tienen más dificultades. Hasta ahora es mi clase preferida junto con los alumnos de Patricia de esta mañana. Sin embargo, mi horario está sin decidir y no sé si los podré tener a todos. 
Después del colegio, he comido rápidamente en casa emocionada ante la tarde que me esperaba. Hoy, por fin, íbamos a la playa por primera vez. No íbamos a una de las mejores, pero era muy bonita. Se llama Anse Mitan, y está en Trois-Îlets, por lo que está bañada por el mar Caribe. Clara y Fiona, que viven en le François, vienen a recogernos a Elena, Hayley y a mí. Quince minutos después estamos en un playa de arena muy blanca y brillante, con agua limpia y azul oscuro que llega hasta donde alcanza la vista. La playa no está muy concurrida, hay palmeras, hamacas y sombrillas naturales hechas con plantas de uso público. Dejamos nuestras cosas y nos vamos al agua directas.
Está templada. Es muy agradable porque refresca pero no es como la del Atlántico. Tiene la característica de que baja de nivel muy rápido, es decir, que en un par de metros ya no hacemos pie. Hay pececillos muy pequeños que se chocan contra nuestras piernas y nos hacen cosquillas. Estamos oficialmente bautizadas en el Caribe.
Como era de esperar, mi fiebre por las fotos se manifiesta y me voy a una pasarela que hay justo al lado para sacar fotos del paisaje. Hay dos personas tirándose de cabeza al agua, hay algo de altura pero también hay mucha profundidad, no hay peligro. Como el agua es cristalina, se ve el fondo sin problemas. Viene mi amiga Clara conmigo y empieza a hablar con las dos personas que se están tirando al agua. Son dos chicos franceses que están de vacaciones en Martinica, uno es bastante mayor y el otro tendrá nuestra edad. Después de hablar un poco, el más joven (que se llama Patrick) consigue convencerme para que nos tiremos juntos para ver quién llega más lejos, pero ya sabía de sobra que yo iba a perder. 
Desde la pasarela vemos unas manchas rojas a lo lejos, en el agua. Son sargasses. Son unas algas que traen las mareas en la época de ciclones, en la que estamos ahora. Son muy tóxicas; cuando empiezan a descomponerse emiten ciertos gases, uno de ellos es el ácido sulfhídrico (creo que se dice así en español, estas cosas ya las tengo muy oxidadas en mi cabeza...) pero depende de la dosis que se respire. Producen irritación en los ojos y en las vías respiratorias. Ahora mismo la mayoría de las playas de la isla están llenas de estas algas y tienen muchos efectivos desplegados para retirarlas. 
Volvemos a nuestro sitio de la playa y Manuel, el chico más mayor, nos sigue. Patrick, sin dejar de mirarnos, se va a nadar al fondo del mar. Manuel me deja sus aletas y sus gafas de buceo y me enseña dónde puedo nadar sin problema para ver animalitos. Es muy divertido pero tengo poco aguante. Después de eso nos sentamos en la orilla del mar, pero dentro del agua, hablando y pasando el rato hasta que oscurece. Habremos estado más de cinco horas seguidas dentro del agua, con el sol en la piel, y sin lluvia. Una gozada.
Justo antes de oscurecer, Patrick vuelve a acercarse y veo que empieza a hacer algo justo al lado de donde estoy sentada. Me ha escrito su número de teléfono en la arena. Le miro con sorpresa, puesto que apenas ha hablado (Samuel me había dicho que era muy tímido). Me sonríe y me dice con gestos que le llame. Le saco una foto a la arena y se alejan los dos riendo. Me ha hecho mucha gracia el detalle. 
Llevamos sin mirar el reloj desde las once de la mañana y ya está oscureciendo. Y de repente empieza un festival de colores que no deja con la boca abierta. El cielo se vuelve completamente rojo, como si estuviéramos en un planetario cerrado que imita un anochecer. El cielo rojo se refleja en el agua y en la arena blanca. Me siento como si llevase unas gafas que cambia el color de las cosas que veo. Mientras comentamos semejante maravilla entre nosotras, se acerca un hombre que habla español con acento francés y nos pregunta qué hacemos aquí. Después de hablar un rato descubrimos que es un francés de Aquitania que vino aquí a probar suerte y tiene un bar al pie de la pasarela donde hemos estado. Nos invita a ir cuando queramos, podremos elegir la música que queramos, etc. Le comentamos que el sábado tenemos un cumpleaños Rubén, de uno de los auxiliares de español, y que quizá nos vengamos aquí a pasar el día y después, por a noche, podríamos ir al bar. Él está encantado. 
Ha sido un día estupendo. He sacado muchísimas fotos que no puedo poner aquí, así que he decidido crear un álbum online y he puesto el enlace en una ventanita arriba a la izquierda de este blog. Quien quiera echar un ojo, adelante.

PD: Los días que vienen van a ser de locos en cuanto a papeleo. Tardaré en escribir, pero prometo hacer una entrada por día. Besos a todos, os echo muchísimo de menos...