Bueno bueno. El día de hoy da para mucho. Empiezo.
Ayer me metí tan tarde a la cama que hoy me quedo dormida y se me pasa la hora. Íbamos a ir Trinité, un pueblo de la costa atlántica bastante alejado de casa para hacer senderismo. Para ir hasta allí tenemos que coger un taxico hasta le Lamentin, ahí coger otro hasta le François y ahí Clara, una auxiliar española, nos lleva en coche hasta Trinité. Como vamos tarde, decidimos probar a hacer autostop a ver si hay suerte y nos lleva alguien antes de que llegue el próximo taxico porque está lloviendo a cántaros. Tenemos suerte y para un señor. Nos montamos. Al principio vamos un poco con reservas, el señor conduce descalzo, va algo desaliñado y le falta un diente, pero no por eso deja de sonreír. Es de la isla de Dominica, por lo que su lengua materna es el inglés. Tiene cinco hijos y 39 años aunque aparenta menos de 30. Aquí la gente no envejece.

Cuando estamos cerca del aeropuerto, va y se avería el coche. El señor parece muy tranquilo, pero nos toca empujar hasta la gasolinera más cercana. Recuerdo, diluviando. Una vez allí nos dice que no nos preocupemos, que se arregla rapidito. Una horaca y media ahí tiraos, el colega de palique con otro que se ha parado a echar gasolina y que parece que tampoco tiene prisa. Mientras tanto yo hablo con Clara, que me dice que hay tormentas por la costa atlántica y que no van a ir. Así que ni para adelante ni para atrás. Ahí estamos.
Cuando consigue que arranque el coche, nos pregunta que a dónde nos lleva. No tenemos ni idea, porque no tenemos planes pero está lloviendo muchísimo. Decidimos bajarnos en Fort-de-France, la capital, e investigar un poco. Nos deja en un barrio un poco feo (en varios sentidos) y salimos de ahí para ir al paseo marítimo, que durante el día es transitable pero por la noche no. La verdad es que la ciudad es peligrosa por las noches.

Damos una vuelta por mercadillos, tiendas de telas y de ropa, entramos en la biblioteca Schoelcher... Esta biblioteca, junto con la ciudad de Schoelcher, deben su nombre a Victor Schoelcher; fue un diputado republicano francés en Martinica y Guadalupe, sentado a la izquierda del hemiciclo. Fue uno de los más fervientes antiesclavistas, defensor de los derechos de la mujer y contrario a la pena de muerte. Consiguió la abolición definitiva de la esclavitud en las colonias en 1848. También encontramos muchos graffitis reivindicando el sufrimiento de los esclavos por aquellos años, citas de Aimé Césaire y versos de poemas. Aimé Césaire, también nombre del aeropuerto de Martinica, fue un poeta y político cuya obra siempre estuvo marcada por la defensa de las raíces africanas. Un día haré una entrada sobre él y su obra.
Mientras paseamos por la ciudad nos llama Rubén, uno de los españoles, para decirnos que han decidido ir a Grand Rivière, la ciudad que más al norte está de la isla. Vemos complicado el ir hasta allí, pero preguntamos por la calle y conseguimos que un taxico nos lleve sin hacer transbordo, pero eso sí, vamos a hacer tour por toda la costa atlántica de la isla. Así que nos liamos la manta a la cabeza y allá que vamos.
El paisaje va cambiando según avanzamos hacia el norte de la isla. Es precioso. Todo verde, mucho más accidentado, muchas curvas, vemos el volcán... Y vemos el sol. Tengo vídeos grabados de las carreteras con los que pienso hacer una compilación para enseñaros. Esta zona está muy aislada y muy mal comunicada por las condiciones geográficas.

Casi dos horas después, llegamos. Dos y media de la tarde y sin comer. Lo mejor de todo es que, al bajarnos, le preguntamos al conductor que a ver a qué hora sale el último
taxico de allí hacia la capital. Nos responde que él es el último. Y nosotras... bueno... improvisaremos. Nos reunimos con los demás y buscamos un sitio para comer. El pueblito es precioso y el color del mar también. Como el cielo está claro, al fondo se ve la isla de Dominica, que es la siguiente al norte de las Antillas. Encontramos un restaurante de comida criolla que milagrosamente tiene la cocina abierta. Nos sentamos. Muchos se piden pollo al coco, pollo colombo, pescado zumos y helados de guayaba y de coco... Después de comer ya me siento más persona y vamos a la playa. Es increíble. Como ya os dije, las playas del norte tiene la arena negra por el volcán que está a pocos kilómetros, y contrasta con el cielo azul y la vegetación. Tiene aspecto salvaje, es decir, no hay ningún tipo de construcción. Sólo hay naturaleza y acantilados. La superficie de arena es muy estrecha y hay mucho oleaje. Todas hicimos un intento fallido de conservar el pelo sin mojar.
Unas horas después ya ha anochecido y tenemos que volver por las carreteras tan... especiales que tiene esta zona. Gracias a dios, dos chicos que pensaban que estaban aquí no habían podido venir al final, por lo que entrábamos en uno de los coches. Ya desde la capital hasta casa tendríamos que volver a buscarnos la vida.
Por fin parecía que aquel día de locos iba a terminar, pero no. A la altura de Trinité, muy lejos del centro de la isla, mientras salíamos de una rotonda con el intermitente puesto, una descerebrada decide adelantarnos a toda velocidad desde el carril interior pero no calcula bien e invade nuestro carril y nos da un golpe en el morro, a lo que vemos salir volando el parachoques de una pieza. Damos un frenazo y miramos expectantes al coche que nos dado, que tiene toda la pinta de ir a salir corriendo. Pero no. Se hace a un lado, la tía se baja y recoger el parachoques mientras nosotros apartamos el coche y nos bajamos. Empezamos a discutir, estamos muy nerviosos. La tía está convencida de que ella ha hecho todo bien y que no era su problema, que había puesto el intermitente y todo y que al menos se había parado, que otros directamente se largan. Alucinamos pepinillos. Le rebatimos diciendo que eso es su obligación así que no es ningún argumento a su favor. Le instamos a rellenar los papeles, pero resulta que ni es su coche, ni lleva encima el DNI ni el carnet de conducir. Sólo le importa que está llegando tarde a su trabajo y se quiere ir. Le hacemos una foto a la matrícula del coche y yo me quedo con su número de teléfono después de comprobar que le suena si llamo, pero seguimos presionándola para intentar solucionar eso de alguna manera, porque el parachoques está totalmente caído de una pieza. Empezamos a llamar por teléfono a todos los que conocemos aquí, algunos hablan con sus caseros para ver si tenemos que seguir alguna indicación más, etc. Clara me coge el teléfono a la primera y nos viene a recoger a Hayley y a mí para llevarnos a casa y, respecto al otro coche, una se mete de conductora y los otros dos se meten apretujados detrás, tumbamos el sillón del copiloto y metemos el parachoques por encima hacia el maletero para que podamos cerrar la puerta. Lo conseguimos. A todo esto, la tía ya se ha largado bajo la promesa de que llamará para arreglar los papeles. Llegamos a casa a las diez de la noche. Ha sido un día muy largo... Pero estamos todos bien, y es lo que importa.
PD: Recordad que siempre voy añadiendo fotos nuevas al álbum de arriba a la izquierda. Besicos.