domingo, 16 de noviembre de 2014

Miércoles, 12 de noviembre de 2014

Hoy me han vuelto a cancelar clases pero lo supe ayer por la noche, así que he podido organizar un plan con antelación. Vicent y Cris vienen a recogerme para ir a Anse Noire, una playa de arena negra que hay al sur de la isla, donde todas las demás son de arena blanca. No se explica el porqué de este fenómeno.
La playa es bonita pero está algo sucia con sargasses, las algas tóxicas de las que os hablé, y decidimos ir a la playa de al lado. Se llama Anse Dufour. Es la playa más bonita que he visto en mi vida.
Es una cala de arena blanca muy pequeña, con el agua totalmente transparente. Se ve el fondo aunque no se haga pie. A la derecha hay una pequeña ensenada donde se ven corales, erizo de mar y peces de colores. Vemos peces aguja enormes que huyen a nuestro paso y otros pececillos que no conozco, de muchos colores, que nos miran mientras se esconden entre las piedras. Nos hartamos a fotos. El paisaje invita... Os las dejo en el álbum. Se me caía la baba.
Mientras estamos tumbados al sol, una pareja de franceses se acerca a hablar con nosotros para preguntarnos de dónde venimos. Es un matrimonio que viene de Burdeos, conocen Pamplona porque tienen familia allí y han venido a Martinica a aprovechar sus playas para hacer buceo y snorkel. Son muy amables y nos ofrecen su material para que nademos un poco mar adentro para que veamos las tortugas. La especie que persiste aquí es la tortuga baula. 
La tortuga baula ha sobrevivido más de cien millones de años, pero ahora está enfrentándose a la extinción. Las estimaciones muestran que esta especie está declinando precipitadamente en el Pacífico durante los últimos veinte años: ahora permanecen tan pocas como 2 300 hembras adultas, haciendo de la baula la población de tortuga marina más amenazada en el mundo. Aunque las poblaciones del Atlántico son un poco más estables, se predice que éstas también declinarán debido al gran número de adultos que está muriendo accidentalmente por las flotas pesqueras. En el Atlántico, el hecho de que estén muy distribuidas durante su proceso de migración y que no se sumergen a grandes profundidades, aumenta el riesgo de interacción de las tortugas con pesquerías de palangre.
Es la tortuga marina de mayor tamaño y uno de los mayores reptiles vivientes. Se distinguen fácilmente por su caparazón, con textura blanda de cuero y por sus largas aletas frontales. Pueden sumergirse hasta 1 200 metros, mucho más que cualquier otra tortuga marina y puede llegar a los 180 cm y los 500 kg de peso. No exagero. Eran enormes, como la mitad de mi cuerpo.
¡Esto es todo por hoy, amiguis! Que no es poco. 




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