Hoy volvemos a la rutina y a la seriedad (un poquito). Es mi primera semana con un horario más o menos fijo. Hoy empiezo con el lycée. Conozco a muchos alumnos, pero no sé con quién tendré clase finalmente.
El ir y volver es toda una aventura. Tengo que salir con una hora de antelación a la carretera principal a coger un taxico que pase por Rivière Salée. En ese caso, me deja en el cruce cerca del centro donde tengo tres opciones: ir andando (cuesta arriba, unos tres cuartos de hora), esperar a un bus en un punto de la carretera donde no hay parada ni hay horarios o hacer autostop. Mientras estoy esperando a que venga el supuesto bus, el cual no he visto nunca, en una parada donde lo más llamativo que hay es un árbol, paran dos chicos y me preguntan por mi destino. Resulta que me pueden llevar y consigo llegar a tiempo.
Compruebo con alegría que el primer grupo es uno que me marcó bastante. Son inquietos, es verdad, pero muy activos e inteligentes, con muchas ganas de participar y con interés. El siguiente es desesperante. No me hacen preguntas, no responden a las mías ni hacen ademán de sentir mi presencia en clase. Siento que estoy ante un campo de plantas que se limitan a hacer la fotosíntesis.
Por lo que veo, voy a tener esos dos extremos. O me dejo la voz para que guarden silencio, o me dejo la voz para que muestren señales vitales. Va a ser interesante...

No hay comentarios:
Publicar un comentario