miércoles, 10 de diciembre de 2014

Viernes, 5 de diciembre de 2014

¡VIEEERNES!

Después de que un colega me de plantón por segunda vez, decido acoplarme a Hayley y a su plan de salir con un amigo martiniqueño y su grupo de amigos. Nos pasa a recoger y vamos a un pub en Le Lamentin. Nada más entrar, nos acercamos a su grupo de amigos y descubro con sorpresa que conozco a uno pero no caigo de qué. Me viene esas sensación tan incómoda provocada por la sonrisa tan amplia con la que la otra persona se acerca a saludar mientras tú te rompes la cabeza pensando en una lista de escenarios posibles donde puedas ubicar al sujeto en concreto, pero no caes. Hay algo que no cuadra. También hay que sumar que en ese momento somos las dos únicas chicas que hay en todo el pub y nos miran como si fuésemos marcianos. Cuando ya está cerca de mí y me saluda con un "bonsoir mademoiselle María", caigo. Es mi banquero. El que me abrió la cuenta después de aquella odisea de papeleos y acto seguido decidió darme su número personal en un post-it adherido al contrato. Al que nunca llamé, por cierto. Claro, como las dos veces que le he visto ha sido de traje y ahora va con ropa de calle, pues me he despistado. Se lo hago saber, para que no piense que me había olvidado de él. Entre los nervios y que a la vez me están presentando a más gente, mezclo frases y conceptos y acabo soltando algo que lo hace desternillarse de risa. No es muy apropiado decir a alguien que sueles ver de uniforme o traje "no te había reconocido con ropa". Delante de más gente, al menos. 
Paso la breve noche hablando con él y con otro amigo suyo que resulta ser el hijo del alcalde de Case Pilote, donde montamos en moto de agua el finde pasado, y por supuesto conoce al amigo que nos llevó. Esta isla es un pañuelo. 

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