domingo, 14 de diciembre de 2014

Viernes, 12 de diciembre de 2014

Uno de los chicos que conocí la semana pasada nos invita a celebrar su cumpleaños en un barco. Fuimos desde Fort-de-France hasta más allá del Carbet por alta mar. Las vistas eran preciosas, hizo buen tiempo y volvimos cuando era de noche. No había nada contaminación lumínica y vi las estrellas como nunca en mi vida... Precioso.
Así, extrapolado. Sólo voy a hacer una breve mención a la gente que había en aquella fiesta porque no me puedo quedar callada, pero no quiero gastar más energías desahogándome.
Era un círculo de gente que se han dedicado a vacilarnos lo que han querido y más; no han parado de tomarnos el pelo, de reírse de nuestro acento y de nuestra manera de pensar simplemente por ser diferente a la suya. He tenido que oír comentarios xenófobos, racistas y machistas por parte de un grupo de niñatos (y no tan niñatos...) que se creen los dueños del mundo y por ello con derecho a meterse con los que consideran más débiles.  Nunca me había pasado esto siendo ya adulta. Nunca. Semejante sangre fría, y falta de valores me saca la vena peleona. Y lo he dejado claro: Soy extranjera, no gilipollas, y hemos pasado por mucho para llegar hasta donde estamos ahora.
He dicho. Hombre ya.
Mañara será otro día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario